domingo, 24 de abril de 2016

QUIERO TODO ESTO, JOSE AGUSTÍN GOYTISOLO

En unas elecciones voté a un poeta que conocí hace tiempo en La Otra Banda de la Argónida; y a quien ya seguía en sus trifulcas lorquianas, sus vivencias en jardines extranjeros o su estadía honrosa en habitaciones separadas; y lo hice incluso sabiendo que nos equivocábamos los dos.

Pero, claro, cómo no caer en la suprema tentación de negar a Platón y su teoría de rechazar para su República a los poetas, a los que envió al exilio por sus siempre desmedidas corrupciones y vicios, sin conocer vergüenza ni reposo, emperrados en sus críticas y en su oficio; gente que difícilmente llegan a reunir dinero, que la previsión no es su característica y que se van marchitando poco a poco de un modo algo ridículo
 si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas. Los poetas, las viejas prostitutas de la Historia; que, como hay que decirlo todo, suelen ser, en una convivencia diaria, difícilmente soportables. No salgan nunca con un poeta, normalmente nada tienen que ver con sus versos y su oficio es destrozar almas y corazones. Lo sé de buena tinta.

Pues sí, decidí, como Chantal Maillard, Matar a Platón; sabiendo que me equivocaba, que nos equivocábamos los dos.

Unos días antes, porque no se me hacía fácil elegir entre Platón y el poeta del sur, decidí escribir qué es lo que yo querría que hicieran los poetas en el caso de que todos nos hubiéramos vuelto locos y hubiésemos aupado al poder, entregándoles la banda y el bastón de mando del gobierno a las viejas prostitutas de la Historia.

Ya tengo el papel en blanco; ahora voy a pedirle a José Agustín Goytisolo, el poeta, que me eche una mano:



Quiero ser informado sobre lo que ocurre al más alto nivel
Quiero que todos los políticos, que antes fueron poetas, no se conviertan nunca en hombres de negocio
Quiero ver a la gente uno por uno
Quiero que la única revolución sea la de los besos
Quiero que me amnistíen por todo lo que pienso hacer de ahora en adelante
Quiero que en las cárceles sólo esté quien lo merezca, pero que esté si lo merece
Quiero entrar en los cines sin pagar
Quiero que los cines sean más baratos y que no haya actores multimillonarios,... ni futbolistas
Quiero un informe sobre el comportamiento sexual de los sexólogos
Quiero que me den más besos, sin que varíe mi comportamiento
Quiero que una persona de fiar escoja mis camisas y nunca se equivoque
Quiero acertar por una vez con la camisa adecuada y que esa persona que escoge mis camisas no me pida que me la cambie. Ya tengo esa persona de fiar. Retiro mi anterior petición
Quiero aprender inglés en 15 días
Quiero aprender inglés, pero no en quince días, porque ya no sabría vivir sin acudir a clases de inglés todos los años. Retiro la anterior petición
Quiero saber con precisión exacta la verdadera forma del universo
Quiero seguir creyendo en el relojero que da forma y mueve el universo; y doy gracias a mis padres que me lo presentaron
Quiero que los croissants siempre estén calentitos y sabrosos
Quiero que entre todos nos organicemos mejor, porque esto parece una orgía mal ordenada; y quiero que el pan llegue a todas partes, sobre todo conociendo los lugares donde sobra
Quiero lanzarme en plancha y rematar marcando el sexto gol al Real Madrid
Quiero volver a vivir aquel día que le metí un gol a Recio, en el partido contra el Xerez Deportivo.
Quiero ascender por méritos de guerra
Quiero que si hay que ir a una guerra a salvar princesas convertidas en esclavas, niñas secuestradas o gente perseguida por su color, su pensamiento o religión vayamos cantando
Quiero que Cataluña llegue hasta el Tirol
Quiero volver desde Afganistán andando y que, en ninguna parte, nadie me pida el pasaporte ni me pregunte de dónde soy
Quiero controlar el gasto Público partida por partida
Quiero que nadie pueda hacerse rico a costa del Estado, incluyo aquí a los notarios
Quiero ser bueno
Quiero alguna vez ser malo, sin hacerle daño a nadie
Quiero que se me paguen daños y perjuicios
Quiero que cada pueblo tenga el gobierno que no se merezca
Quiero que no me avergüencen más en las autopistas
Quiero que no haya clase obrera
Quiero que no haya clases..., pero sí escuelas
Quiero que trasladen las Fallas de Valencia
Quiero ir a Valencia en Fallas
Quiero que no vuelvan los buenos tiempos
Quiero que los lugares donde he sido feliz no le den la razón a Félix Grande 
Quiero revolcarme en la alfombra del Hotel des Templaires
Quiero revolcarme en una cama del Hotel des Templaires, a poder ser acompañado de quien ustedes y yo sabemos
Quiero ser hábilmente interrogado para cantarlo todo a la primera friega
Quiero volver a andar rodeado de espías con todos los teléfonos pinchados
Quiero sardinas en escabeche y pan tostado con aceite y sal
Quiero una Rakkia en el corredor de Stolac
Quiero que se me incapacite legalmente para no ser ya nunca responsable de nada
Quiero que no me maten la ilusión
Quiero que en las universidades se enseñe cultura y libertad; y no doctrina con nombres parecidos a los anteriores
Quiero que no vuelvan a salir goteras en el techo
Quiero que mi seguro me eche cuando pago y que me acoja cuando doy tres partes seguidos por humedades
Quiero que todo el mundo cobre más
Quiero que todo el mundo cobre más; pero que alguno que otro cobre menos
Quiero que no se me hinche la barriga
Quiero que nadie sea valiente sólo porque le acompañe la fuerza
Quiero que me convenzan
Quiero alguna vez no dar la razón tan rápido a quien intenta convencerme
Quiero un poco de caridad cristiana
Quiero que todos pasen por el tubo
Quiero un nuevo cepillo de dientes

Quiero todo esto
yo no puedo seguir viviendo así:
es una decisión irrevocable

Después de volver a leer mi lista de deseos, decidí negar a Platón, que echó a los poetas de la República por sus siempre desmedidas corrupciones y vicios, sin conocer vergüenza ni reposo, emperrados en sus críticas y en su oficio, sabiendo que me equivocaba; y voté a ese poeta que se presentaba a las elecciones, porque lo conocía, y porque quería averiguar si el poder es capaz de corromperlos y no sólo los corrompe el placer, la belleza o la palabra.

Hoy, después del fútbol, he quedado con Chantal para matar a Platón.



sábado, 16 de abril de 2016

LAS PERSONAS QUE ESTÁN SALVANDO AL MUNDO



Dicen que para ser feliz lo mejor es conformarse con poco; y yo siempre he pensado que esa máxima fue una artimaña de los poderosos, hábilmente difundida en los corazones de los desheredados, para atemperar las jóvenes revoluciones nacientes.

Cierto, que los años te hacen ver, después recorrer un largo trecho, que en la vida no hay más que tres o cuatro cosas verdaderamente importantes: lo que hemos amado, lo que nos han amado, el sosiego que arrastra una bienhechora conciencia y aquello que nos ha legado el provechoso azar basado en la caridad con almas ajenas y en la justicia con la propia alma.

Pero, no sé por qué, siempre he pensado que los ricos, esos que no saben utilizar su riqueza más que para amontonarla, han nacido ciegos a esas tres o cuatro cosas desde que cinco mil años atrás alguien encontrara entre en las arenas sombrías de un viejo río de Babilonia, la primera pepita de oro. Y también he pensado siempre que los ricos, los malos ricos, son los únicos que piensan que nunca tienen suficiente dinero.
Y eso que el mismísimo Hijo de Dios bajó a la Tierra para contarles una historia de un camello y una aguja.

Una vez le pregunté a mi padre, un viejo marino que recorrió todos los océanos posibles y arribó en ilimitados muelles, sufrió soledad, vivió alguna que otra guerra como actor o espectador, amó y fue amado, odió y fue odiado, ganó en los mares una fortuna y la gastó y tuvo en una sola vida mil; una vez le pregunté a mi padre quién podría ser para él la persona más feliz y dichosa del mundo.

No me habló de bellos actores o actrices, ni de jóvenes futbolistas, ni de hombres de negocio de éxito, ni de conquistadores, ni de ningún sabio y sesudo profesor de universidad, no había ningún político; nada de eso. El viejo marino me contestó, simplemente: de todos los hombres que he conocido, creo que elegiría a un jardinero de un parque de Rótterdam que cuidaba las flores, los árboles; recogía las hojas de otoño; estercolaba el césped antes de la llegada de la primavera; y lo protegía del invierno. Yo creo que ese es el hombre más afortunado que he conocido: un hombre que cultivaba un jardín.

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

Y recordé, de pronto, los hombres que ahora mismo están salvando al mundo

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Para el viejo marino y para Borges, estos hombres son los que están salvando al mundo, aunque ellos no lo sepan, y ¡encima! son los más felices:
Un jardinero que cultiva su jardín en un parque de Pekín, un ceramista que del barro crea de nuevo al hombre, una persona que vive de la palabra y su etimología, dos amantes que se tocan con más pasión que Paolo y Francesca en el canto V de la Divina Comedia, alguien que ama la música, dos empleados que en un café de Mostar charlan, sonríen, juegan al ajedrez y cultivan la dicha de la amistad, un hombre que lee a Borges mientras acaricia a su perro Coco que duerme tranquilo, el que no odia a los que un mal le han hecho, aquel que ha sido capaz de embarcar en La Española un día de lluvia; para el viejo marino todos esos están ahora mismo salvando el mundo.

Yo, para no olvidarme de esa conversación con el viejo marino, cuando estuve en Ámsterdam compré unas semillas de tulipanes que cada primavera me recuerdan, al brotar de la escondida tierra, los nombres de las personas que ahora mismo están salvando el mundo.

Por eso, cuando escucho las noticias o leo los periódicos me pregunto: ¿cuándo nos daremos cuenta de que están intentando salvar el mundo las personas equivocadas? Incluyo ahí también a aquellos que siempre aparecen aprovechándose de las crisis o del dolor para tener un amplio despacho con vistas. Creo que el viejo marino tampoco me habló de ellos. Ninguno de ellos salió del arado, ni volverá al arado como Lucius Quinctius Cincinnatus después de salvar a Roma.

domingo, 10 de abril de 2016

SUMISIÓN, CON MICHEL HOUBELLECQ



Yo llegué a Houbellecq buscando las partículas elementales, porque pensé que me llevaría por el camino de Swedenborg hasta Fiodorov, demostrándome que la muerte yace en el fondo de todos los problemas humanos.

Yo, que me he criado en el laberinto mágico de la literatura hispanoamericana donde el malabarismo verbal recabado fundamentalmente en la sencillez de las palabras y en la complejidad de la sintaxis se adueña de la escritura, rápidamente descreí del vocabulario soez de Houbellecq, de sus imágenes explícitas que dan poco margen a la fantasía, de sus personajes pesimistas abocados al desconsuelo sin esperanza, y de su tono profético.

El director de esa biblioteca, que es el resumen del mundo, por la que rondo cada semana, tan solo para ver portadas y títulos de libros, decidió, no hace muchos días, que era hora de aconsejarme alguno y, no sin imprudencia, me asaltó con un pequeño volumen de tapas amarilla, en cuya portada venía dibujada la Torre Eiffel y sobre ella una media luna y una estrella de cinco puntas sobre la luz del amanecer; su título, Sumisión y su autor Michel Houbellecq. “Es un libro muy curioso”, me dijo, “imagina que gana las elecciones en Francia el Partido de los Hermanos Musulmanes. Imagina lo que ocurriría”.

No quise decirle que en ese momento estaba interesado en Stefan Zweig y su libro autobiográfico, El Mundo de Ayer. Es un autor que te lleva como nadie por la Europa de la primera mitad del siglo XX: la Viena mágica y confiada del emperador; el París libre y avasallador y el París sombrío y ocupado; el Berlín del arte cuadriculado y la poesía metafísica; y el Berlín trágico.

Como no podía decirle que no, al fin y al cabo es el director de una biblioteca con más de cincuenta mil volúmenes y eso significa que para mí tiene, como San Pedro, las llaves el paraíso, me eché los dos libros a la mochila y le di las gracias por la recomendación.

Nunca pensé abrir a Houbellecq, pero fue el destino quien separó sus páginas cuando se me cayó al suelo y al recogerlo metí mi dedo pulgar por la hoja número 11. nunca desobedezco a las mágicas señales, pues nadie ignora que la mente juega con nuestra debilidad frente al azar y cae rendida veloz ante los designios imaginarios.

Es lo que ocurre en nuestras sociedades, todavía occidentales y socialdemócratas a cuantos acaban sus estudios; pero la mayoría no adquieren conciencia de ello o no lo hacen de forma inmediata, pues están hipnotizados por el deseo de dinero o quizá de consumo los más primitivos, y más hipnotizados aún por el deseo de demostrar su valía en un mundo que esperan competitivo, galvanizado por la adoración de iconos variables: deportistas, diseñadores de moda o de portales de Internet, actores y modelos.

Aquí está de nuevo el prestidigitador, me dije. Pagaré el peaje del lenguaje soez, de los personajes que andan revolcados en el vacío de la carne y del espíritu y voy a ver dónde me lleva este Houbellecq, ahora que un extremista intolerante islámico, democráticamente ha sido elegido presidente de Francia. Recordé las elecciones alemanas de 1932 cuando a un joven desconocido Hitler los votos alemanes le otorgaron 230 escaños; y pensé en toda la sangre que cuesta ganar la libertad, que rara vez se ha ganado en las urnas; y, sin embargo, con un poco de desencanto y desilusión lo fácil que es perderla en esas mismas urnas.

Es cierto que en mi juventud, las elecciones eran muy poco interesantes; la mediocridad de la oferta política era incluso sorprendente. Un candidato de centroizquierda era elegido, por uno o dos mandatos según su carisma individual, y oscuras razones le impedían llevar a cabo un tercero; luego la población se hartaba de ese candidato y más generalmente del centroizquierda, se observaba un fenómeno de alternancia democrática y los votantes llevaban al poder a un candidato de centroderecha, a ese también por uno o dos mandatos, en función de su propia naturaleza. Curiosamente los países occidentales estaban extremadamente orgullosos de ese sistema electoral que, sin embargo, no era mucho más que el reparto de poder entre dos bandos rivales, y llegaban incluso a declarar guerras para imponerlo a países que no compartían su entusiasmo.

Houbellecq ya nos prepara para que la extrema derecha y la Hermandad Musulmana hicieran que las cosas se pusieran un poco más interesantes al introducir en los debates el olvidado escalofrío del fascismo. Un poco de violencia, se oyen disparos de atentados, algunos subterfugios juveniles mediante instituciones pseudo-culturales y un apoyo sin límites a los necesitados que abrazan cualquier doctrina con tal de que llene caliente sus estómagos vacíos y vengue sobre el poder establecido las muchas cuitas que han estado sufriendo y, ¡zas!, Houbellecq nombra presidente del gobierno a una persona muy inteligente con don para gobernar, que no caerá en el inicial error de acabar con los contrarios de forma violenta; sino que las depuraciones llegarán con dinero, ayudas, o amplias pensiones, enviando a paraísos de oro a las antiguas fuerzas que gobernaban y educaban a la Francia libre; para, poco a poco, ir limando las igualdades conquistadas en revoluciones y perdidas en las urnas.

El veneno de los movimientos identitarios ha acabado con todo; ya no hay más que reacciones que resquebrajan un sistema judicial que no se basa en la igualdad ante la ley; sino en la identidad a la que pertenece cada individuo: violencia contra una iglesia, reacción antiislámica, violencia contra una mezquita, reacción islamista, movimientos identitarios, enroque de cada trozo de sociedad, y nueva prueba irrefutable de que la violencia define y es capaz de establecer fronteras que poco tiempo atrás no existían. El sistema político en el que se había vivido desde la infancia se había resquebrajado. No sitúan la economía en el centro de todo, para ellos lo esencial es la demografía y la educación. Quien controla a los niños controla el futuro. Las mujeres, poco a poco, dejan de asistir a las universidades, y para entonces todos los docentes deben de ser musulmanes.

Francois, ese profesor universitario, estudioso de Huysmans, y hastiado de la docencia y de su vida sexual, que para eso es Houbellecq quien escribe el libro, nos va conduciendo hacia ese futuro imaginado en el que va anotando las pérdidas de la libertad que pocos años antes del 2022 reinaban en Francia. Los judíos, poco a poco, emigran a Israel. Aquellos que no aceptan la lluvia de oro y petrodólares, que llegan de las monarquías del Golfo, prefieren vivir en países como España, Alemania y Gran Bretaña; la democracia ya no es de todos, se legisla para una parte de la sociedad y el motor se ha puesto en marcha.

El fracaso de todo sistema político es el no gobernar para todos; el gobernar sin tener en cuenta ningún tipo de identidad; ni ideológica, ni religiosa, ni de raza, ni de sangre (que a la sangre todo excede), ni el color o la longitud del pelo. Un sistema político para todos, independiente de la condición individual. Por ese motivo han caído muchas repúblicas, y, sin embargo, han tenido éxito muchas monarquías parlamentarias: un país para todos sin distinción, donde las oportunidades, la justicia y la razón no tenga nada que ver con ningún tipo de identidad.

Todo Oriente Medio es un buen ejemplo de cómo la identidad vive por encima de la justicia y la igualdad; dependiendo de cada país, no es lo mismo ser suní que chií, alauí que wahabí, yaridí, maronita, ortodoxo o católico, o yazidí... Si eres de una identidad que no detenta el poder en esos lugares, tus oportunidades son cero: trabajos de miseria, olvídate de ser funcionario, juez o profesor, el comercio se abrirá poco para los tuyos; no podrás montar ni el más ínfimo negocio. No olvidemos que el Estado provee, el Estado da y el Estado quita.

Es eso lo que se están jugando en Siria, Iraq, Irán, Arabia Saudí (que no hay que olvidarse de ella), Líbano.., las minorías se están jugando su supervivencia. Allí no todos son ciudadanos con los mismos derechos, cada uno tiene su identidad. Y si encima va alguno y pretende venderles democracia por la fuerza, destronando a unos y aupando al poder a otros; sólo es cuestión de tiempo que, esperando su oportunidad, los oprimidos (que son los mismos o diferentes según cada nación) enciendan de nuevo la llama de la guerra. ¡Ay, esa revolución francesa que convierte a todos los hombres en ciudadanos, iguales, fraternos y libres!, ¿dónde está Francia? ¿dónde está ese París multicultural, multiracial y libre?

Ben Abbes, inicialmente, había mostrado su respeto por las tres religiones del libro y había evitado compromisos con la izquierda anticapitalista, había comprendido perfectamente que la derecha liberal había ganado la batalla de las ideas…, Si lo injusto funciona, ¿por qué cambiarlo? Así está Francia (en manos de Houbellecq); que ha dejado a los países occidentales en los brazos de su mala conciencia y con un protagonista, Francois, que bajo los efectos de la crisis del Occidente moderno y su amplia gama de soledades, habiéndolo perdido todo, se echa a los brazos de alguien que promete devolvérselo; eso sí, a cambio de su espíritu y su libertad.

 ¿Y los intelectuales?, ¡al menos los intelectuales levantarán su voz!: A lo largo del siglo XX, muchos intelectuales habían apoyado a Stalin, Mao, Pol Pot…, sin que ello se les hubiera reprochado nunca verdaderamente; el intelectual en Francia no tenía que ser responsable, eso no estaba en su naturaleza.

Yo nunca he querido meterme en estos charcos, pero la culpa la tiene ese director de una biblioteca que cuenta con cincuenta mil volúmenes, que como sabe que posee una de las llaves del paraíso, anda recomendando libros a diestro y siniestro sin que hasta ahora nadie le haya dicho que no.


sábado, 19 de marzo de 2016

LAS MUJERES INVISIBLES



Me he acercado a la Residencia de Señoritas de la calle Fortuny; y de allí me he ido a la residencia de Estudiantes en la Colina de los Chopos. Sin más intención que visitar la exposición Mujeres en Vanguardia.

Mi casa era una casa de mujeres, y uno, que se ha criado con tantas hermanas que lo superaban siempre en todo, no deja de preguntarse, extrapolando su experiencia al mundo que lo rodea: ¿qué es lo que ha hecho desde el principio de los tiempos que las mujeres hayan terminado siendo tan invisibles para la historia, salvo aquellas que jugaron con su belleza y su inteligencia para las relaciones personales?

Mi profesor de Lenguas Clásicas no cejaba en su empeño por demostrar que los atreidas y su principal portavoz, Homero, decidieron, tras las primeras conquistas indoeuropeas en la península griega, donde se encontraron una sociedad minoica totalmente matriarcal, construir una nueva sociedad machista y misógina que acabara con la civilización que conquistaban; y ponía como ejemplos a Helena, a Penélope o a Andrómaca… No cabe duda de que esa nueva Grecia Clásica de la que todos descendemos hizo mucho por pintar a la mujer de esa manera, encerrándola bajo arresto domiciliario durante demasiado tiempo. Y no hay ninguna creencia que no haya recogido ese testigo.

He encontrado este ejemplo muy explicativo de Jenofonte (siglo IV A.C.), en un trabajo sobre Maruja Mallo de Rosa María Ballesteros:

Los dioses han creado a la mujer
para las funciones de dentro, al hombre para
todas las demás. Los dioses la ha colocado en
el interior porque soporta menos bien el frío, el
calor y la guerra. Para las mujeres es honesto
el permanecer en casa y deshonesto el salir
fuera; para los hombres sería vergonzoso el
quedarse encerrado en su casa y no ocuparse
de lo que ocurre fuera.

Y esto es así porque lo dice él. A ver si mi profesor de Clásicas va a tener razón, y los hombres atreidas buscaron, y lograron por medio del arte, un territorio hostil para la mujer; una zona de combate en la que no hay apoyo logístico posible, un lugar tenebroso en el que no se espera ayuda táctica alguna y que únicamente te permite sobrevivir encerrada.

Preparaos, porque a partir de ahora no daremos ni un paso atrás y no va a quedar tierra sin hollar, aventura sin vivir ni libros sin leer.

Las mujeres que han sobresalido hasta ahora lo hicieron a espaldas de la sociedad, retiradas, escondidas; unas buscaron su refugio en Dios, como Sor Juana Inés de la cruz o Santa Teresa de Jesús; otras, como Emily Dickinson, en  la fortuna de su padre y su pasión por los versos, encerrada en esa habitación propia; las Brönte se escondieron en los funestos páramos, en un padre dominante y en la tuberculosis, que tantos buenos escritores ha dado. Ninguna de ellas lo hizo ayudada por la sociedad. O tenías una renta y una habitación propias, como escribió mi adorada Virginia Wolf o te ibas al carajo. Así de simple.

¿Hay algo más injusto que eso? No poder estudiar con el mismo derecho que el varón, no poder realizar cualquier trabajo, no poder poner una casa a tu nombre, no poder votar.
Así que hoy he decidido ir a conocer a las Mujeres de Vanguardia.

Yo siempre tuve celos de Alberti porque recibió los amores de Maruja Mallo; pintora, poetisa, mujer divertida que supo vivir su libertad, y de entre todos los ángeles El Ángel Falso, dime por qué las lluvias pudren las horas y las maderas. Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes. Despiértame.

Luego supe de sus noches con Miguel, cuando éste andaba subiendo a los árboles del Puente de Segovia, como un titán de la selva, mientras Neruda lo aclamaba como la nueva tempestad que traía el calor de las cabras.

Y lamenté mucho, cuando vi su obra por primera vez, que sólo la conociéramos por esos hombres de la generación del 27 con los que frecuentaba sus días; y con algunos, sus noches. Rafael Alberti, Miguel Hernández, Picasso, Dalí, Buñuel, Federico García Lorca, Ortega y Gasset, Machado, Unamuno o Ramón Gómez de la Serna.

Hubo una Residencia de Estudiantes, en la colina de los chopos, durante los años 20, inmensa; pero también hubo una Residencia de Señoritas, colosal, con mujeres que brillaron en todas las artes y las ciencias, que compartieron horas con Madame Curie o con las mujeres del Instituto Internacional, con las que se produjo un fructífero intercambio, las famosas bostonianas.

Me he acercado a verlas a la Residencia de Estudiantes. Allí están Matilde Huici, gran especialista en Derecho o Victoria Kent. He saludado a las pedagogas Juana Moreno, María Comas Camps, Carmen Castilla Margarita de Mayo, Carmen Isern. Me han dedicado alguna sonrisa María Goyri, Zenobia Camprudí, Josefina Carabias, Maruja Mallo y María Zambrano. Y así, las ruinas nos darían el punto de identidad entre el vivir personal —entre la personal historia— y la historia.

De las 30 mujeres que había inicialmente en la Residencia se ampliaron las plazas a 300. Allí se estudiaban todas las ciencias y artes, siguiendo el concepto de la Institución Libre de Enseñanza de que cualquier actividad humana es susceptible de convertirse en una carrera y una profesión que ensanche el alma de los hombres y las mujeres. Pensaban que, por ejemplo, si alguien es bueno en cerámica debe existir una carrera de cerámica. Yo, también.

La Residencia de Señoritas fue creada en 1915 bajo la dirección de María de Maeztu. Esta institución fue pionera en fomentar el acceso de las mujeres a los estudios superiores. María de Maeztu fue el alma de la Residencia, fue la voz, el cuerpo, el pensamiento y sobre todo la fuerza. Sin ella nada hubiese sido posible. Ha sido y es el único ideal de mi vida, crear en el viejo solar de nuestra tierra un hogar para las mujeres estudiantes de España, donde encuentren cubiertas, de una manera adecuada, no sólo las necesidades materiales, sino lo que vale más aún, al ambiente espiritual y la disciplina moral que hacen posible una vida noble y digna.

Y hay que gritar su nombre, María de Maeztu, no sólo con esa pequeña placa que veo cada día en la calle Miguel Ángel, esquina Martínez Campos. En el año 1936, cuando empezó la guerra, presentó su dimisión y partió para el exilio. Su hermano, el escritor Ramiro de Maeztu, fue asesinado ese verano durante las sacas que se produjeron en Madrid.

María de Maeztu, Matilde Huici, Victoria Kent, Juana Moreno, María Comas Camps, Carmen Castilla Margarita de Mayo, Carmen Isern, María Goyri, Zenobia Camprubí, Josefina Carabias, María Zambrano, Maruja Mallo…

Ya es hora que se acabe el tiempo de las mujeres invisibles. Y no creo que sea necesario para ello asesinar a Homero, a Platón, a Aristóteles, o a Jenofonte.






"Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad."
Federico García Lorca


sábado, 12 de marzo de 2016

OFICIO DE TINIEBLAS 5

El que esté limpio de crueldad reconfortada que tire la primera piedra a lo alto para que en su caída le parta la cabeza en dos.

Este último mes me he cruzado con Cela, casi sin querer, porque andando en busca de lectura en una biblioteca que recorro a menudo por lo cercana que la tengo, me tropecé con un ejemplar suyo situado en la estantería BQ-I-15-B y, cuando lo abrí por su primera página, me encontré con la sorpresa de que venía firmado por su puño y por su letra: Oficio de Tinieblas 5.

Pregunté si ese libro podría llevarse para leer en casa y aquí lo tengo. Dispongo de un mes para devolverlo.

Limítate a vivir tus lentos días sin hacer de tu propia vida un espectáculo ruidoso o molesto para los demás nadie ha de pagarte en la misma moneda pero eso debe importarte nada cuando la vida cobra entidad suficiente se puede echar por la borda todo lo demás.

Al Cela escritor lo he tenido que defender varias veces en conversaciones muy dispares, sobre todo porque, en seguida, se pretende entretejer vida, carácter y obra de un autor; sin entender que sólo los libros, verdaderamente ausentes del creador, son literatura. Me acojo aquí a la cita de Pierre Francastel: "La historia humana es la historia de los acontecimientos y no de las intenciones; y la historia de las artes es la de las obras y no la de los hombres".

La hipocresía es la segunda más estéril parcela del hombre detrás de la envidia y antes que la avaricia.

Al Cela humano también lo he defendido; sufragó junto con otros escritores el entierro de Miguel Hernández cuando murió en 1942 en la cárcel de Alicante; abogó por Julián Marías al final de la guerra civil cuando fue hecho prisionero porque no quiso dejar solo a don Julián Besteiro, único miembro del Consejo de Defensa de Madrid que no abandonó su puesto cuando todos huían; clamó contra el exilio interior de Vicente Aleixandre; cuando Gabriel Celaya y Alfonso Grosso, dos grandes de la literatura española del siglo XX, morían en la indigencia levantó, contra la olvidadiza administración, su voz de forma contundente; también tuvo que irse a publicar a la Argentina porque su magnífica novela La Colmena fue prohibida en España; cuando en 1941 en España andaban flirteando con los nazis, él, para tocar las narices, se puso dos nombres judíos Camilo José Manuel… Zacarías Levy, de tal forma que cuando ingresó en la RAE la comunidad judía de Buenos Aires le dio la enhorabuena porque un judío entraba en la Real Academia de la Lengua Española…

Estos fueron argumentos que tuve que esgrimir hace poco cuando, en una casposa celebración de gente de las ciencias y las artes a la que fui invitado, comentaron otros detalles acerca de su vida. Fue un gigante, les guste o no su carácter, sus respuestas para la galería o su hiperbólica vida. Les guste o no el espectáculo Cela.

Ahí están mis títulos académicos no los queméis dádselos al pescadero para que envuelva huérfanos pescadillos baratos ahí están mis medallas dádselas a una máscara pobre el martes de carnaval ahí están los cien libros que escribí disolvedlos con ácido y haced lo mismo con los originales lujosamente encuadernados dejad paso a quienes vienen detrás yo elegí la libertad.

Las obras literarias existen por sí mismas, aparte del autor o a pesar del autor; y Cela, como todos los grandes,terminará escondido en las universidades, los monasterios, las fundaciones culturales o los museos, y en algún clandestino lugar de la red ajeno a cualquier otra tendencia que no sea la cultural, y que, por supuesto, leerá poca gente.

No debe hastiarte el espectáculo de la muerte tiene siempre matices insospechados imprevistos sumamente fértiles no hay ningún otro objeto que pueda comparársele.

Su Oficio de Tinieblas, escrita en segunda persona, ese tú de alma inconmensurable, es una obra difícil de leer, si no directamente ilegible. Pero es un experimento que todos los artistas deberían hacer: encerrarse en un espacio cerrado, con la menor contaminación exterior posible y vomitar todo aquello que el alma le pide, sin las ataduras de la gramática, de las formas, ni del perseguido éxito; naturalmente lo que te sale no es una novela sino la purga del corazón. Con Oficio de Tinieblas 5, tocamos más el alma de Cela, ese Cela perennemente anclado al dolor, al coito desmesurado, a las islas inaccesibles, a la crueldad, al perdón. Ojalá muchos escritores a los que admiro hubieran escrito la purga de su corazón. Si crees que te vas a divertir leyendo Oficio de Tinieblas, no lo abras. Aunque te aseguro que si llegas al final volverás a abrirlo, por cualquier página, poco importa eso.

La amistad asexuada no existe sí existe su máscara a la que el hombre llamó amor platónico concepto mal traducido ya que el filósofo señalaba una noción abstracta y un corolario: al final el hombre se pierde en un juego de palabras pero retorna siempre al instinto los doce mandamientos de la ley de venus las dos advertencias y el corolario valen para la especie humana el hombre es el único animal que ignora el celo.

No hay arte sin experimentación, ni arte fácil, aunque lo parezca; tanto para el artista como para el receptor. Cela descubrió la llave del éxito pronto con La Familia de Pascual Duarte, pero no perseveró en esas formas, decidió mandar al carajo a editores y al dinero fácil y se embarcó en una lucha desaforada con el arte, igual se ayudó en demasía del espectáculo, o no lo midió bien; pero hay que agradecérselo porque le salió ajustada la partida.

No, tú ya sabes que ni entras ni tienes por qué entrar en el reparto de las aromáticas prebendas es algo a lo que debes ir acostumbrándote antes de que tu dolor llegue a echar raíces en la carne.

La palabra es la dueña del Oficio de Tinieblas y maneja con cuerdas de títeres a la imaginación y a la lógica intelectual. El corazón vomita palabras a ese tú protagonista rodeado y hastiado de sexo, pasiones, pecados, a su modo litúrgico, para edificar una lírica propia y absoluta. Hay un oficio parabólico un oficio de penitencia y soledad un oficio contenido un oficio sordo un oficio de la salvación… Adivinen cuál es ese oficio.

Yo, después de leer Oficio de Tinieblas 5, he decidido hacer un nuevo viaje a la Alcarria, recordando el primero que hice hace tiempo acompañado por tres mujeres de nombre Concepción. Jorge no podía faltar. Ricardo, corredor de maratones y compañero de carreras, tampoco.

Hay que plantearse las cosas con dificultad, es necesaria la pirueta en el vacío, abrir nuevos caminos; aunque se ignore con qué suerte, pero con gran honestidad.

Pronto, voy a volver a la Alcarria.

 






sábado, 5 de marzo de 2016

EN LA DECADENCIA DE LA MENTIRA CON ÓSCAR WILDE




Durante mi estancia en Cambridge, por invitación de unos buenos amigos, visitamos una de esas típicas casas antiguas señoriales en el campo; concretamente una perteneciente a la familia de Rudyard Kipling, ese escritor que ahora arrastra un nocivo halo de narrador colonialista y del que Borges dijo que el futuro le perdonará aquello sobre lo que escribió por cómo lo escribió.

Yo no sé quién tendrá razón, pero cuando me hablaron de ir a Afganistán volví a leer cada día esa pequeña novelita maravillosa que habla de manera genial de ese gran pecado capital que es la ambición. Desde entonces sé que hay montones de cabras en Kafiristán.

Yo sigo leyéndo a Kipling como leo al desaforado y denigrado Céline, en su Viaje al fin de la noche, en una traducción de Carmen Kurtz, que con ese apellido yo pensé que no tenía más remedio que viajar al corazón de las tinieblas.

Son grandes novelas, les guste o no a los ortodoxos que afinan con filo de hierro las fronteras entre la literatura y la vida. Por cierto, también leo a Ezra Pound, y a Moisés de León, y a Ibn Hazm, y a…; bueno, pueden verlo en cuanto escribo que, como bien saben, plagia de forma inmisericorde mucho de lo que he leído.

Desde que me dio por leer libros, decidí tomarlos como sujetos con vida propia alejados de sus autores, alejados de los lectores, del mundo que los rodeaba y del mundo que ahora me rodea.

Poco me importa que la Historia haga luego bien su trabajo y lleve en brazos del futuro a la verdad. Aunque he de decir que soy un poco pesimista en esto último, porque ya se encargará el poder de pintar la Historia conforme a su conveniencia, modificándola a su antojo.

Afortunadamente, Historia y Literatura viven en sombras separadas porque son distintos reflejos de la realidad; la primera suele ser reflejo de la realidad del poder y la segunda suele ser reflejo de la realidad del Arte.

Dije, al principio, que cuando anduve por Cambridge visité una de esas típicas casas antiguas señoriales en el campo. Viendo los verdes prados de alrededor, pensé que estaría bien ir a saludar a Óscar Wilde de la mano de Cyril y Vivien a esa casa de campo en Nottingham, dónde sólo se hablaba de Arte y Naturaleza.

A mi juicio, cuanto más estudiamos el Arte, menos nos preocupa la Naturaleza. La Naturaleza posee, indudablemente, buenas intenciones; pero, como dijo Aristóteles, hace ya tiempo que no puede llevarlas a cabo. Cuando miro un paisaje, me es imposible dejar de ver todos sus defectos. A pesar de lo cual, es una suerte para nosotros que la Naturaleza sea tan imperfecta, ya que de no ser así no existiría el Arte.

Yo también creo que el Arte da forma a la Naturaleza porque tengo que reconocer que la nieve tiene otro color después de leer a los novelistas decimonónicos rusos; y que, aunque navegué mucho durante la niñez y la vi con sus mil caras, la mar tiene formas más voraces desde que embarqué en la Pequod, en la Nellie, en el San Juan de Nepomuceno o en La Milagrosa.

La variedad no se puede encontrar en la Naturaleza misma, sino en la imaginación, en la fantasía o en la ceguera cultivada de su observador.

Es la realidad la que ciega al Arte, es la realidad, que siempre lleva la boca llena de la palabra verdad, quien asaltando a la ficción y, por esa decadencia que ahora arrastra la mentira, mancha cuanto movimiento artístico toca.

Los únicos personajes reales son los que no han existido jamás en este mundo; y si un novelista es lo bastante mediocre para tomar a sus héroes directamente de la vida, debe, al menos, decir que son creaciones suyas y no alabarlos como copias. La justificación de un personaje de novela está, no en que las otras personas son lo que son, sino en que el autor es lo que es. Si no la novela no es ya una obra de arte.

Cyril no deja títere con cabeza. Vivien ama a la naturaleza y Wilde me aconseja que visitemos una granja de cerdos cerca de Nottingham para que cuando lea La Decadencia de la Mentira, tenga más elementos de juicio para entenderla. El gran Óscar Wilde, ¡ay!, tanto talento desaprovechado.

domingo, 7 de febrero de 2016

EL INCA GARCILASO DE LA VEGA, MESTIZO DE LAS LETRAS Y DE LA VIDA

                                       
A Montilla en Córdoba, lejana y sola, me llevó la búsqueda del Gran Capitán, hay veces que he tenido que hacer trabajos guerreros de los que me siento muy orgulloso; este es el mundo en el que hemos caído y el mundo que dentro de nuestras limitaciones tenemos que cambiar, yo en esto sigo a Hyperion y a su trasunto alemán: a servirme de una espada sí he aprendido, y no necesito más por ahora. La nueva liga de los espíritus no puede vivir en el aire, la sagrada teocracia de lo bello tiene que morar en un Estado libre, y él precisa de un lugar en la tierra, y este lugar lo conquistaremos nosotros.

Y en Montilla, andando por la calle me paró un mestizo que llevaba un legajo bajo el brazo y del que yo apenas había tenido noticia. Sentí curiosidad y le pregunté dónde llevaba esos escritos y a quien pertenecían:

A los hijos de español e india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones. Fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en Indias. Y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación me lo llamo yo a boca llena y me honro con él.
 
- Caballero, son míos-  me contestó- ahora ando escribiendo unos Comentarios Reales, que tratan del origen de los Incas que fueron del Perú.
- ¿Puedo saber su nombre?
-  ¡Claro!, soy el señor Gómez Suárez de Figueroa, hijo de don Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa inca Chimpu Ocllo, sobrina del emperador del Tahuantinsuyo y nací en Cuzco. Porque el Cozco en su imperio fue otra Roma en el suyo. Y así se puede cotejar con la otra porque se asemeja en las cosas más generosas que tuvieron.
- ¿Es usted el inca Garcilaso?
- Así me llaman.
- Cuenta su paisano Vargas Llosa que La Florida del Inca "basta para hacer de usted uno de los mejores prosistas del siglo de Oro"
- El señor Mario Vargas Llosa, siempre tan atento con sus paisanos.

Les he dicho a los míos que me voy a permitir la licencia de visitar la casa del Inca Garcilaso y que vamos a descansar una tarde de andar persiguiendo el fantasma del Gran Capitán por el castillo de Montilla. Están de acuerdo con esa parada, sobre todo, porque saben que el inca es persona curiosa en su historia, amena en la charla, vigorosa en sus gestos y de talento sin igual.

- Fijaos, cuáles son las preguntas que resuelven la concepción del mundo y de sus formas- nos explica mientras fuma tabaco recién traído de Oyotún:

Habiendo de tratar el Nuevo Mundo, o de la mejor y más principal parte suya que son los reinos y provincias del imperio llamado Perú, de cuyas antiguallas y origen de sus reyes pretendemos escribir, parece que fuera justo, conforme a la común costumbre de los escritores, tratar aquí, al principio, si el mundo es uno sólo o hay muchos mundos. Si es llano o redondo y si también lo es el cielo, redondo o llano. si es habitable toda la Tierra o no más que las zonas templadas. Si hay paso de una templada a la otra. Si hay antípodas y cuáles son de cuales. Y otras cosas semejantes que los antiguos filósofos muy larga y curiosamente trataron.

El inca Garcilaso de la Vega nos contó que sirvió a las órdenes de don Juan de Austria en las campañas de las Alpujarras y es famosa su religiosidad y su conducta en todo Córdoba, ahora anda apadrinando niños que necesitan auxilio; en la parroquia de Santiago de Montilla aparece en 113 registros bautismales. 
-Será la sangre inca- dice uno de los míos.
- Será la sangre española- dice otro.
- ¿Será el ser una buena persona sin necesidad de sangre alguna? -apostilla con una interrogación el último que quedaba por hablar.

Decían los indios que nunca hicieron delito que mereciese castigo público ni ejemplar, porque la doctrina de sus padres y el ejemplo de sus mayores -y la voz común que eran hijos del sol, nacidos para enseñar y hacer el bien a los demás-, los tenía tan refrenados y ajustados que más eran dechado de la república que escándalo de ella.

Yo creo que el futuro es suyo, señor Gómez Suárez de Figueroa, inca Garcilaso de la Vega; porque sólo el mestizaje puede ya redimir a la Humanidad, ya que sólo el mestizaje puede hacer iguales a los hombres; pues ni la solidaridad, ni la concordia, ni el amor, ni la fraternidad, ni la libertad, ni la cultura, lo han conseguido hasta ahora; sólo nos queda como último recurso de paz el mestizaje:


En una destruida calle de Mostar, el viejo Hassim hablaba de que un par de años antes convivían, como hermanos, ortodoxos serbobosnios, católicos bosnio-croatas y musulmanes bosniacos en perfecta armonia y que la cultura en Sarajevo flotaba en el aire, contaba gesticulando con las manos; Las tres culturas compartían su espacio y su vida; casi todo el mundo entendía de música y sabía tocar el piano en Sarajevo, y lo decía con sus ojos entornados por la extrañeza de todo cuanto estaba pasando. Al día siguiente de estallar la guerra andaban cortándose las manos de pianista unos a otros. Esa semana me dio por escribir un relato al que titulé: Nunca te fies de un pianista. Pensé que la convivencia de las tres culturas en Toledo nunca existió.

En Beirut, un viejo cristiano, que combatió en la guerra civil de los años ochenta, explicaba orgulloso que El Líbano era una república increíble, crisol de sociedades, creencias e ideologías, con 17 religiones diferentes, país de acogida y de emigración. Le recomendé un viaje al sur del río Litani, o una visita a  Burch al Barachne y no quise recordarle Sabra y Chatila. Pensé que la convivencia de las tres culturas en Toledo sólo fue un sueño.

En Mali, donde el color es el dueño del cielo y la tierra y las mujeres se adornan con él, conviven tuaregs musulmanes, animitas, cristianos, y los más antiguos legajos que se salvaron de la intolerancia en lo que luego se llamó España. Todo apariencia, al final, siempre suenan las armas.

En Kosovo..., en Afganistán, en Irak..., en Siria...., sunitas, chiítas, alauitas, yazidíes; si ni la solidaridad, ni la concordia, ni el amor, ni la fraternidad, ni la libertad, ni la cultura, lo han conseguido; sólo nos queda como último recurso el mestizaje.

Por eso yo te veo como un gigante, Inca Garcilaso, no sólo porque fueras el más grande prosista del siglo de Oro español; sino porque sólo tú has sido capaz de escribir que una de las cosas más grandes que ocurrieron en América fue la llegada de los españoles y de los negros, (muchos lectores ahora se echarán las manos a la cabeza), sólo tú, descendiente del mismísimo Manco Cápac, el primer Inca, has dicho la verdad:

Lo mejor de lo que ha pasado a Indias se nos olvidaba, que son los españoles y los negros que después acá han llevado por esclavos para servirse de ellos, que tampoco los había antes en aquella mi tierra. De estas dos naciones se han hecho allá otras, mezcladas de todas maneras y para las diferenciar les llaman por diversos nombres para entenderse por ellos.

Cierto Inca, lo mejor y más granado de América lleva todas las sangres, lo más sobresaliente y lo que hará grande a América es ese infinito mestizaje que les entregó el pasado para conquistar el futuro, sin que los ciegos todavía se hayan dado cuenta.

El Inca sigue fumando y nos invita a pasar la noche en su casa en la calle Capitán Alonso de Vargas, lugar al que llegué porque me enviaron a buscar a don Gonzalo Fernández de Córdoba, uno de nuestros más ilustres soldados, me acompañaban tres de los míos y el escritor José Calvo Poyato, que sabe mucho de capitanes.

Y puesto estamos en la puerta de este gran laberinto, será bien pasemos adelante a dar noticia de lo que en él había...