
Incluso Alzado del Suelo lo que nos abruma es el paisaje porque lo que más hay en la tierra es paisaje. Paisaje ha sobrado siempre. Y es bien sabido que los paisajes mueren porque los matan no porque se suicidan.
En esa biblioteca escondida con más de 40.000 volúmenes, que regenta un viejo coronel, que bien pudiera apellidarse Buendía, pero se apellida Ibáñez, llevaba un tiempo viendo en la estantería BO-II-46 un libro de José Saramago que, por un motivo u otro, nunca antes se había cruzado en mi camino: Alzado del Suelo.

El tiempo de la novela y de la Historia va horadando los surcos del latifundio; y esas revoluciones interiores del alma y exteriores del cuerpo, que barrieron el siglo XX con dolores ingratos para todo el mundo, se mueven retorciéndose como una serpiente y su presa en la hondonada de un arroyo de Monte Lavre, sin saber por qué tanta es la desgracia y el premio tan pequeño.

Esa fue en mi opinión la gran falla de aquellos países en los que la gran revolución social del siglo XX tuvo éxito, un éxito y una alegría inicial que acabó en drama, hambre, pobreza, gulags y muerte: El poder deja a los hombres en la igualdad de la pobreza y sin libertad, perdida en nombre de la igualdad, y continúa Tocqueville, cuando los ciudadanos son casi iguales todos se les hace difícil defender su independencia contra las agresiones del poder, que el tiempo vicia y, sin escape, lo convierte en corrupto. De ahí que la política no deba ser más que un estado transitorio en la vida de un hombre.


Las fieras que discurren por los bosques de Italia tienen cada una sus guaridas y sus cuevas; los que pelean y mueren por Italia sólo participan del aire y de la luz, y de ninguna otra cosa más; sino que, sin techo y sin casas, andan errantes con sus hijos y sus mujeres; no dicen verdad sus caudillos cuando en las batallas exhortan a los soldados a combatir contra sus enemigos por sus aras y sus sepulcros, porque de un gran número de romanos ninguno tiene ara, patria, ni sepulcro; sino que por el regalo y la riqueza ajena pelean y mueren, y cuando se dice que son señores de toda la tierra, ni siquiera un terrón tienen propio.
Tiberio fue derrotado, despedazado y su cuerpo arrojado al río Tiber, por intentar una revolución; y eso que era nieto ni más ni menos que de Escipión, el Africano, el hombre que derrotó a Aníbal, y salvó de la destrucción a Roma. Yo hubiera peleado aquella noche junto a Tiberio Graco en el monte Aventino; al fin y al cabo, soy un soldado y para eso están los soldados, para luchar por causas como la de Tiberio Graco.
Libertad o igualdad, he ahí el dilema; sabiendo que la igualdad absoluta no ha traído más que prisiones, dolor y muerte y la libertad absoluta no ha traído más que injusticia social.
He vuelto a leer este texto y creo que me he metido en un lío, tan sólo por leer a Saramago. Y a Tocqueville. Y a Plutarco. Esas bibliotecas escondidas, mi abuela Magdalena, mis padres y sus enciclopedias y un viejo profesor de Literatura tienen la culpa. Si yo sólo quería ser futbolista.
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