domingo, 24 de mayo de 2015

TAWFIQ ZAYYAD, AMMAN EN SEPTIEMBRE, PALESTINA EN INVIERNO




Las hojas de los libros son como alas de palomas que los llevan a merced de ignotas incertidumbres hacia lugares en los que nunca esperábamos encontrarlos; y más ahora en los que las palabras que no andan reflejadas en una pantalla de plasma, que evita brillos a los ojos y con fuente de luz propia, han perdido su valor para la modernidad.
En estos tiempos la palabra escrita sobre el papel vuela sin medida y te depara las más grandes de las sorpresas en los lugares más extraños.

Camellero,
salúdame a Salt.
Su tierra está sembrada de muerte tras muerte.
Y si pasas ante una crucificada desnuda,
arrójale un manto, que es mi hermana.

En esta última feria del libro antiguo y de ocasión andaba yo buscando cualquier cosa a precio de saldo de Vicente Huidobro y de Dylan Thomas, para seguir leyendo algo sobre el güisqui y el alma humana, cuando de pronto adiviné un reflejo naranja, de entre un montón de libros de la caseta.


Empecé a abrir esa pila desordenada de libros abandonados y, como el corazón palpitante que pidiera un poco de ayuda y de fortuna, se me agarró un pequeño volumen a la mano. Abrí la primera página y adiviné una palabra que no venía impresa y que sólo podía leer yo: RESISTENCIA.

Ya estoy seguro de que si algo va a perdurar sólo lo hará la poesía, y será esa poesía oral que de boca en boca, de labio en labio, de alma en alma, y de corazón en corazón van declamando los poetas por las calles y las plazas, y las madres le cantan a sus hijos las noches en que todos tienen miedo.

Sobre los escombros,
Bajo los escombros,
En el umbral de las casas,
En los faroles de las calles,
En las ramas de los árboles quemados,
Y en las plazas
y en los caminos
y en las calles
surcadas de tanques.

El libro de tapas naranjas, editado por Hiperión en 1979, se abre solo sin necesidad de que lo toquemos, porque la sangre palpita en esas letras, empujada por la memoria que la poesía mantendrá viva hasta el fin de los tiempos:

Las cifras son terribles:
miles de asesinados  -¿diez mil?
(¿dos mil muertos hoy?)
¿Quién sabe cuántos?

Y es esa visión de injusticia, que necesita reparación, la que el poeta declama a la calle sabiendo que como la poesía vivirá siempre también lo hará la RESISTENCIA de un pueblo que lleva esas palabras en su boca:

Os convoco,
os estrecho las manos.
Beso la tierra bajo vuestros zapatos
y digo: «os rescato,
os regalo la luz de mis ojos
y el calor de mi corazón os lo doy,
pues la tragedia que vivo
es parte de vuestra tragedia.

De la mano del poeta cuyas palabras aparecen iluminadas en una feria de libros antiguos y de ocasión, abandonadas, amontonados los volúmenes sin destino vivo, vuelvo a Palestina.
Y recuerdo a Ammán en septiembre y a los miles de mujeres y niños asesinados; y vuelvo a Beirut, a Sabra y Chatila, y creo que ha habido demasiada gente inocente violentada, (por no escribir las palabras que merecen esas acciones y que no deben ser escritas, pero que son las que me salen de la garganta). Y creo que a los violentos les gusta tener enfrente a violentos para alimentarse mutuamente. Y en esas estamos; con violentos mandando en todos los frentes, que no quieren la paz sino a más violentos enfrente que justifiquen su razón de ser.

Y también creo que los inocentes siempre terminan crucificados.

Pero para ellos, para los inocentes, quedan los poetas, queda la memoria y queda la eternidad, no para ti Habis, gusano, hijo de gusano, Habis, impone una guerra civil mientras los lobos voraces del ídolo siguen desgarrándome las entrañas. Y yo sigo muriendo mil veces el mismo día y viviendo otras mil el mismo día. Para ti, un poeta de Nazaret ha reservado el infierno de Dante.

Para recordar
seguiré sin descanso grabando
todos los capítulos de mi tragedia
y todas las etapas del desastre
desde el principio hasta el fin.
Allá en un olivo
en el patio de mi casa.

Termino de leer el libro de tapas naranjas y lo pongo en la estantería, sabiendo que las hojas de los libros son como alas de palomas que los llevan a merced de ignotas incertidumbres hacia lugares en los que nunca esperábamos encontrarlos; y lo coloco en su sitio junto al Archipiélago Gulag de Alexander Soljenitzin, y junto a Si esto es un Hombre de Primo Levi, y junto a Sin Destino de Imre Kertesz, y junto a El Crimen del Soldado de Erri de Luca, y junto a…

Toda acción tiene respuesta.
Leed lo que dice el Libro.
Como si fuéramos veinte prodigios.
En Lidda, en Ramal, en Galilea.




                                         













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