Me
he acercado a la Residencia de Señoritas de la calle Fortuny; y de allí me
he ido a la residencia de Estudiantes en la Colina de los Chopos. Sin más
intención que visitar la exposición Mujeres en Vanguardia.
Mi
casa era una casa de mujeres, y uno, que se ha criado con tantas hermanas que
lo superaban siempre en todo, no deja de preguntarse, extrapolando su experiencia
al mundo que lo rodea: ¿qué es lo que ha hecho desde el principio de los
tiempos que las mujeres hayan terminado siendo tan invisibles para la historia,
salvo aquellas que jugaron con su belleza y su inteligencia para las relaciones
personales?

He
encontrado este ejemplo muy explicativo de Jenofonte (siglo IV A.C.), en un
trabajo sobre Maruja Mallo de Rosa María Ballesteros:
Los
dioses han creado a la mujer
para
las funciones de dentro, al hombre para
todas
las demás. Los dioses la ha colocado en
el
interior porque soporta menos bien el frío, el
calor
y la guerra. Para las mujeres es honesto
el
permanecer en casa y deshonesto el salir
fuera;
para los hombres sería vergonzoso el
quedarse
encerrado en su casa y no ocuparse
de
lo que ocurre fuera.
Y
esto es así porque lo dice él. A ver si mi profesor de Clásicas va a tener
razón, y los hombres atreidas buscaron, y lograron por medio del arte, un
territorio hostil para la mujer; una zona de combate en la que no hay apoyo
logístico posible, un lugar tenebroso en el que no se espera ayuda táctica
alguna y que únicamente te permite sobrevivir encerrada.
Preparaos,
porque a partir de ahora no daremos ni un paso atrás y no va a quedar tierra sin
hollar, aventura sin vivir ni libros sin leer.

¿Hay
algo más injusto que eso? No poder estudiar con el mismo derecho que el varón,
no poder realizar cualquier trabajo, no poder poner una casa a tu nombre, no
poder votar.
Así
que hoy he decidido ir a conocer a las Mujeres de Vanguardia.
Yo
siempre tuve celos de Alberti porque recibió los amores de Maruja Mallo;
pintora, poetisa, mujer divertida que supo vivir su libertad, y de entre todos los
ángeles El Ángel Falso, dime por qué las lluvias pudren las horas
y las maderas. Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes. Despiértame.

Y
lamenté mucho, cuando vi su obra por primera vez, que sólo la conociéramos por
esos hombres de la generación del 27 con los que frecuentaba sus días; y con
algunos, sus noches. Rafael Alberti, Miguel Hernández, Picasso, Dalí, Buñuel,
Federico García Lorca, Ortega y Gasset, Machado, Unamuno o Ramón Gómez de la
Serna.
Hubo una Residencia de Estudiantes, en la colina de los chopos, durante los años 20,
inmensa; pero también hubo una Residencia de Señoritas, colosal, con mujeres
que brillaron en todas las artes y las ciencias, que compartieron horas con
Madame Curie o con las mujeres del Instituto Internacional, con las que se
produjo un fructífero intercambio, las famosas bostonianas.
Me
he acercado a verlas a la Residencia de Estudiantes. Allí están Matilde Huici,
gran especialista en Derecho o Victoria Kent. He saludado a las pedagogas Juana
Moreno, María Comas Camps, Carmen Castilla Margarita de Mayo, Carmen Isern. Me
han dedicado alguna sonrisa María Goyri, Zenobia Camprudí, Josefina Carabias,
Maruja Mallo y María Zambrano. Y así, las ruinas nos darían el punto de
identidad entre el vivir personal —entre la personal historia— y la historia.

La
Residencia de Señoritas fue creada en 1915 bajo la dirección de María de
Maeztu. Esta institución fue pionera en fomentar el acceso de las mujeres a los
estudios superiores. María de Maeztu fue el alma de la Residencia, fue la voz,
el cuerpo, el pensamiento y sobre todo la fuerza. Sin ella nada hubiese sido
posible. Ha sido y es el único ideal de mi vida, crear en el viejo solar
de nuestra tierra un hogar para las mujeres estudiantes de España, donde
encuentren cubiertas, de una manera adecuada, no sólo las necesidades
materiales, sino lo que vale más aún, al ambiente espiritual y la disciplina
moral que hacen posible una vida noble y digna.

María
de Maeztu, Matilde Huici, Victoria Kent, Juana Moreno, María Comas Camps,
Carmen Castilla Margarita de Mayo, Carmen Isern, María Goyri, Zenobia Camprubí,
Josefina Carabias, María Zambrano, Maruja Mallo…
Ya
es hora que se acabe el tiempo de las mujeres invisibles. Y no creo que sea
necesario para ello asesinar a Homero, a Platón, a Aristóteles, o a Jenofonte.
"Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad."
Federico García Lorca