domingo, 22 de octubre de 2023

SOLDADITO ESPAÑOL, UNA HISTORIA SEMÁNTICA

Cuando a Ramón María del Valle Inclán le preguntaron acerca de las medidas que había que tomar para arreglar la eterna crisis que atravesaba el teatro contestó, sin dudar, que lo primero que había que hacer era fusilar a los hermanos Álvarez Quintero.

Estas son unas palabras dichas en el Archivo Militar de Ávila, con motivo de la presentación del libro El soldado español del escritor Fernando Martínez Laínez.

Yo, a veces, siento la necesidad de contestar con la misma respuesta, (no refiriéndome a los Álvarez Quintero, claro), cuando me pregunto acerca del cambio semántico producido en la palabra Soldado desde aquellos temibles soldados de los Tercios hasta ese pobre soldadito español, abandonado a su suerte en África, según tantos periodistas y escritores de principios del siglo XX, y que caló tanto en la sociedad, dejando para siempre la palabra soldado (soldadito) con un significado poco guerrero. Eso, que yo sepa, sólo ha ocurrido en España.

Es más, cuando se pretende cambiar esa situación para darle un empaque guerrero a los soldados se siente la necesidad de crear otras palabras cuya semántica es conocida y más favorable, sustituyendo el término general de soldado por esas específicas que parece que dan más lustre a la persona. Llamémosle legionario, llamémosle artillero, llamémosle paraca, llamémosle jinete, llamémosle regular, llamémosle guerrillero; pero no soldado. Lo que empezaron los periodistas y escritores, Carmen del Burgo, Alarcón, Galdós o Unamuno tras los desastres del Rif caló como una inscripción en el mármol, pues casi todos estaban contra esa guerra africana, y tener a los poetas en contra es tener al futuro en contra; pues sabemos que sólo los poetas escriben sobre mármol.

Cuando ellos, los escritores y artistas, que casi todos eran diputados y, por tanto, políticos comienzan a jugar con el diminutivo; sin duda, esa palabra adquirirá connotaciones negativas, aunque el aspecto denotativo siga invariable. Hay mil ejemplos de eso.

La palabra "Soldado" en España ha tenido una evolución semántica que ha ido desde el temible 'Soldado de los Tercios' hasta el 'Soldadito español, soldadito valiente' de las campañas de África que la hicieron evolucionar hasta tener (casi) un carácter negativo. Eso pasa por jugar con la semántica (incluso con buenas intenciones) por parte de escritores y soldados.

A ver cómo se arregla esto, si ha calado incluso entre los componentes del Ejército que hicieron suyas canciones que basan su atracción sentimental en el uso de estos diminutivos.

Se pueden poner muchos ejemplos de tamaña evolución semántica, pero veamos algunos:

— La canción Soldadito español, soldadito valiente, escrita por el maestro Jacinto Guerrero, el compositor de zarzuelas, revistas musicales y sainetes que la compuso para la revista musical La orgía dorada, estrenada en 1928, obra del dramaturgo Pedro Muñoz Seca (junto con los también escritores Pedro Pérez Fernández y Tomás Borrás), con música del propio maestro Guerrero y de Julián Benlloch. Esa música civil la acoge la sociedad con los brazos abiertos para su diversión, porque a la sociedad le llegaban a través de escritores lo que acontecía en África. Por supuesto, la hace suya el Ejército. y de una revista musical pasa al repertorio de una música militar que la ve como positiva cuando su valor semántico para la palabra soldado y su evolución a soldadito se ha convertido en negativo.

— La canción Banderita que escribe el maestro Francisco Alonso en 1919 para la revista musical Las Corsarias (una historia de mujeres piratas que intentaban capturar hombres ante la sobreabundancia de mujeres solteras) también termina convirtiéndose en una especie de himno, cantado por Celia Gámez, y que tanto la sociedad civil como el Ejército terminan haciendo suyo. Otro diminutivo que tiene éxito y que acabará, como todos los diminutivos con el paso del tiempo, con una evolución semántica negativa, ya ande el soldadito español por la tierra mora o por la tierra africana. Eso jamás se le hubiera ocurrido a Cervantes, Lope de Vega, Alonso de Contreras, Garcilaso, Quevedo o Francisco de Aldana, que escribe por ejemplo: ¡Oh, mano convertida en duro hielo, / turbadora mortal de mi alegría, / pudiste, mano, oscurecer mi día, / turbar mi paz, robar su luz al cielo!

Todas estas canciones y artículos de periódicos, (vean lo que escribe Colombine, por ejemplo, para el Telegrama del Rif), tienen la influencia de los avatares bélicos que se iban viviendo en esos tiempos; las campañas de Marruecos y sus desastres que cuentan los periodistas y escritores como los ven, los sienten o incluso lo utilizan para cambiar el devenir político, llenando de diminutivos a aquellos soldados conscriptos que eran llevados a África. Pero, el problema es que toda su semántica hizo mucha mella en una palabra, la palabra soldado y, luego, llegaron los compositores de zarzuela y revista, que la hacen pasar al imaginario, tanto popular como militar, con más actitud débil que guerrera.


No me extraña que se rehúya en muchos casos de la palabra soldado, incluso Millán Astray, hijo de su tiempo, no tiene más remedio que rehuir de ella y esos soldados de los Tercios que quiere crear terminan convertidos en legionarios, que no admite el diminutivo. Y encima elige una canción de cupletista de cabaret, El novio de la muerte; también sin diminutivos. Un día escribí sobre el olvidado Fidel Prado y su novio de la muerte: https://ejercitotierra.wordpress.com/2021/02/21/el-novio-de-la-muerte-la-eternidad-y-el-azar/. Y es que cuando se elige bien y se trabaja en un único sentido tanto sociedad civil como militar, las palabras viven con otra semántica.

Por eso, cuando a Ramón María del Valle Inclán le preguntaron acerca de las medidas que había que tomar para arreglar la eterna crisis que atravesaba el teatro, contestó sin dudar que lo primero que había que hacer era fusilar a los hermanos Álvarez Quintero. Y yo, que también tengo aires de cupletista, diría lo mismo: «es que en España hubo un tiempo tras los desastres que nos llenamos de artistas que flaco favor hicieron a la semántica». Estoy don don Ramón María del Valle-Inclán.

Mientras no hagamos caso a Valle-Inclán nos sentiremos mejor si nos llaman guerrilleros, legionarios, paracas, jinetesartilleros, intendentes, regular..., antes que soldados. Con lo que eran los temibles soldados de los Tercios. Ya me gustaría ver en estos tiempos a Alonso de Contreras, dando tajos y poniendo en su sitio la palabra soldado.







sábado, 21 de octubre de 2023

LA VERDAD Y LA GUERRA


«Si mientes una vez, puede que no tengas la oportunidad de explicarte nunca más», tuve que decir una vez para zanjar una reunión que iba por caminos no deseados.

He trabajado mucho tiempo en misiones como Oficial de Información Pública (PAO). He conocido periodistas de todos los lugares del mundo. He tenido una cercana amistad con todos. Algunos murieron cumpliendo con su trabajo. He andado por esos caminos de la mano de muchos de ellos. Sin ellos, no había nada.

Cuando alguien me preguntaba cuál era mi trabajo, yo siempre contestaba: «yo estoy aquí para contar la verdad».

— ¿No dicen que la verdad es la primera víctima de una guerra?

— Eso dicen, pero en el momento que haya una mentira, y se sabrá con el tiempo, el valor de nuestra palabra será la nada; todos perderán la confianza y, lo que es peor, perderemos esa batalla de la comunicación en la zona de conflicto que, a la larga, decide. Sin verdad, no hay razón y sin razón, habrá derrota. Pasarán veinte años, pero habrá derrota. Además, yo tendría que cambiar de trabajo.

«Si mientes una vez, puede que no tengas la oportunidad de explicarte nunca más», tuve que decir una vez para zanjar una reunión que iba por caminos no deseados.



















sábado, 30 de septiembre de 2023

SIN NOTICIAS DE GATO DE URSARIA, ENRIQUE GRACIA TRINIDAD

Allá por el lejano 2005, me hablaron de gato de Ursaria y, con no poca fe, empecé a buscarlo. Me comentaron en una tertulia de café que podría hallarlo en Visor, que es una tierra mítica donde vive la poesía; así que di comienzo mi búsqueda por esas páginas; porque Ursaria es un lugar infinito.

Pronto en un volumen de cubierta negra y premiado que me agencié en una librería para gente rara descubrí con absoluto asombre que en el árbol genealógico de Gato de Ursaria había una lavandera deshonrada por un noble, varios rebeldes perseguidos y hasta un plumífero insigne pero de lengua larga y venenosa.

También observaban en el proemio que procedía de una estirpe indolente y caprichosa, llena de fantasías y mentiras, dada a oficios sin futuro, de mucho trabajo y poca ganancia, y al uso de amuletos.

Como yo, por entonces, me había convertido en un viajero y pasaba mis noches y mis días rodeados de turbios pensamientos llegué a la indolente consideración, normalmente refugio de los viajeros de papel,  que ya que me había puesto a buscar a Gato de Ursaria, el viajero, no me agotarían la paciencia, ni los blancos días ni las lentas noches; porque yo sabía que para Gato, Siberia es el blanco mantel del desayuno, y el desierto la luz en el azucarero. Sabe que cuando corre las cortinas, larga velas del batrco bucanero que navega el Caribe de sus noches siempre desde el pasillo a la terraza. Gato de Ursaria explora sin descanso una selva de encaje por la colcha y el Amazonas virgen que eriza la cocina. Nadie marchó jamás tanto. 

Durante un tiempo viajé como gato, sin salir de Madrid; sin saber que Ursaria era Madrid y que «ursus» significa «oso» en latín. Así que tras un verano me di cuenta que Gato no tenía más remedio que habitar los tejados de Madrid, de Ursaria, por muy viajero que se proclamase.

En la cubierta del libro me hablaron de un tal Enrique Gracia Trinidad, y no paré hasta conocerlo, víctima de un azar común, tengo que reconocerlo. Como entonces yo tenía un gato negro que se llamaba Media Luna, me imaginé a Gato y a Enrique ambos vestidos de negro. Eso tiene la noche y los poetas. Así que para conocerlo y que me viera venir me dispuse a vestir una camisa blanca.

Yo me lo imaginé como el guerrero de todas las batallas con su chupa de cuero y sus blasfemias, la mística muchacha, los amantes, el borracho tan sabio como el agua, el músico que daba en el local su concierto de siempre, el camarero de aburrida camisa y manos rápidas. De pronto le vi salir de aquel tugurio; Gato de Ursaria, lento y silencioso, bebió un último trago de cerveza, se puso en pie salió sin ser notado. Al momento, se levantó el poeta y recitó un soneto, de entre todos el único soneto que vibró aquella noche, y yo pensé que, aunque Gato nos hubiera abandonado, perseguir a Gato de Ursaria era perseguir a Enrique Gracia Trinidad.

Pasaron veinte años hasta que lo encontré. Antes tenía que aprender que el tiempo es mal lugar para el descanso, tiene las manos húmedas de manejar las tardes, de quererse a sí mismo y andar jugando siempre, borrando siempre la distancia, el cálculo, siempre las hojas de papel. Como estoy ahora, emborronando páginas de papel pensando cómo era aquella ciudad de Ursaria.

Dejar memoria, Gato, o convocar olvido.

Ojalá lo supiera.

Me alegró encontrarte en aquella reunión poética en la Casa Árabe. Gato. esa noche sin embargo, decidió ir a otros tugurios.








martes, 12 de septiembre de 2023

MARÍA GOYRI, UN VIAJE ENORME

Después de 150 años María vive. Y vive porque viajó a donde pocas mujeres llegaron, incluyendo a todas las sufragistas anglosajonas. Y ese viaje lo hizo de la mano del Romancero inicialmente y de toda la Literatura más tarde. y llegó más lejos que nadie porque hizo ese viaje a través de la educación; la propia, iniciada en casa con su madre y aumentada en esas instituciones cercanas a la Libre de Enseñanza y la ajena, que tanto promovió desde la Asociación para la Enseñanza de la mujer hasta la Residencia de Señoritas dirigida por otra grande, María de Maeztu.

Por eso vio claro que no todo era conseguir el sufragio femenino para esa igualdad entre hombre y mujer, sino que había que cambiar muchas otras cosas desde los cimientos de la cultura que es quien da forma no sólo a los contenidos, sino a los continentes: «En un Congreso feminista no podía faltar la cuestión tan reñida de los derechos políticos de la mujer. No sé por qué es éste quizá el aspecto de la cuestión feminista que más interés despierta. ¿Es porque les parece que lo más difícil de conquistar son los derechos políticos, y creen que, una vez logrado esto, todo lo demás está conseguido? No está mal esa aspiración, como parte integrante del problema; pero la humanidad necesita con más urgencia del esfuerzo de la mujer en otras esferas»

Sólo una gran humanista que conoce toda la Literatura tradicional y que sabe lo fuerte que los mitos, desde los tiempos homéricos, han conformado nuestra sociedad puede concluir, como los aqueos cuando derribaron la civilización minoica, que no basta vencer; que es fundamental un cambio cultural si queremos echar raíces y que los saltos atrás sean difíciles de realizar; un cambio que transforme las mentes y eso debe producirse, al menos, a la vez que el sufragio y el derecho al voto.

Creo que esa es la principal debilidad que en estos tiempos tiene la lucha por la igualdad de la mujer; todavía seguimos con los patrones tradicionales; todavía la Literatura está hecha por hombres, aunque la escriban mujeres. Todavía los mitos son masculinos; aunque creamos que hemos hecho grandes avances, apenas hemos hecho ninguno.

Por eso, mujeres como María Goyri son más necesarias que nunca; por su vida, por sus escritos, por su visión; y por toda la literatura que llevaba dentro desde el Romancero; pues, dedicó su viaje de novios a perseguir el destierro del Cid por los valles del Duero y, ocurriéndosele recitar a una lavandera en Burgo de Osma el Romance de la boda estorbada, se asombró al ver como ésta empezó a continuar el romance añadiendo muchos más que María desconocía: «Voces corren, voces corren, voces corren por España, que don Juan el caballero está malito en la cama...» y María se da cuenta de que ese romance era el dolor de España tras la muerte del infante don Juan, hijo de la reina Isabel. Una muerte, por cierto, que volvió a cambiar una nación y puso la corona de Castilla en la cabeza de Juana. Sabio es el pueblo y su romancero y poco errado en las consecuencias.

El Romancero y la Literatura española le deben mucho a María y también Lope de Vega a quien estudió más que con mesura con devoción. Luego llegó como un huracán la guerra civil y algún "experto en Literatura" que seguía los pasos de María escribió esto: 

«MENÉNDEZ PIDAL, Señora de: Persona de gran talento, de gran cultura, de una energía extraordinaria, que ha pervertido a su marido y a sus hijos; muy persuasiva y de las personas más peligrosas de España. Es sin duda una de las raíces más robustas de la revolución.»

Cierto, María Goyri se casó también con un hombre de gran talento, Ramón Menéndez Pidal. No quería poner el nombre de este otro gigante porque siempre que se la nombra a ella, se dice que era la mujer de Menéndez Pidal. A todas luces información innecesaria cuando se sabe quién era María Goyri. Pero la cita del ¨experto en literatura¨ me ha obligado.

Por recordar a María Goyri me di un paseo por la Casa del Lector en la Naves del Matadero. 








sábado, 9 de septiembre de 2023

ESCRITORES DE DERROTAS, UN ENSAYO ESPAÑOL

Cada vez que vuelvo a Sanlúcar me gusta releer los libros, los cómics y los cuentos con los que viví de niño tantos años. Y lo sigo haciendo cada verano. Cada verano me embarco en la racista y victoriana Nellie, un bergantín de considerable tonelaje, con destino al río Congo; luego, con Tex Willer y Kitt Carson galopo por las reservas navajas buscando malvados que bien pudieran ser ellos mismos; o, viajo a las montañas de Afganistán buscando al hombre que pudo reinar junto a un periodista al que le dieron el Nobel por contar como nadie las excelencias del colonialismo; y, en estos momentos me dispongo con William Travis a apoyar con mi cómic de los años setenta a los defensores de El Álamo contra los mexicanos.

Pero hay un libro-cómic que influyó mucho en mí, incluso para elegir profesión. Yo quiero ser como él, yo quiero ser Lawrence de Arabia. Yo quiero ser el teniente coronel Lawrence y viajar por Bosnia, Croacia, Kosovo, Líbano, Malí, Turquía...

Así que leí cientos de veces cómo «la ciudad de Wejh estaba muy bien fortificada, pero no había problema porque Lawrence le prometió a Feisal que tendría la ayuda de la escuadra británica y que el enemigo no esperaría ese ataque». Y yo me subía a un camello y deseaba que las fuerzas británicas vencieran allí donde estuvieran.

Por ahora, todo parece correcto, salvo por el pequeño detalle que yo era un niño que había nacido en la marinera Sanlúcar de Barrameda en Cádiz, España. Pasado el tiempo, y revisando lo editado en estos últimos cuarenta años, veo que nada ha cambiado y que tanto los libros, como la televisión o el cine siguen escribiendo las tormentas en el mismo sentido. Yo sigo leyendo esas historias lejanas y que mantengo en propiedad porque la infancia debiera ser la mejor de las patrias posibles; pero, ahora surge la pregunta: ¿por qué un niño de España ha crecido leyendo tantas historias norteamericanas o británicas y las pocas españolas que llegaron hasta él fueron exclusivamente de derrotas, ya fueran en Trafalgar o en Rocroi?

Nadie ignora que nada es casual. Nadie ignora que el arte redime y que la Historia la fijan las imprentas y la sujetan en la memoria los grandes escritores por encima de los historiadores. Crear los mitos es la esencia de la memoria, como bien nos llevan enseñando los griegos durante más de 2.500 años.  

La imprenta, ese regalo de Dios como la llamó Lutero, fue el comienzo; y las redes que se tejieron desde ese principio fueron su continuación y, hoy, ese arma de comunicación lo domina el mercado que, sin duda, lo subyugan los vientos que vienen del Norte y que hablan inglés. Un idioma que, dicen, es de rigurosa necesidad aprender.

Ahora, que ya voy solo a las bibliotecas, decidí saber por qué tenemos esa feroz influencia contra nosotros mismos. Es un ensayo infinito que nunca terminaré; pero, al menos, voy a dejar aquí alguna pincelada. Y estoy escribiendo esto de noche y de memoria. 

Puedo empezar por la Relaciones de Sucesos que surgieron allá por el siglo XV y donde la lucha de la propaganda en pequeñas hojas volaron sobre todo durante la guerra de Flandes y la lucha contra Inglaterra. Desde esos momentos comenzó a pergeñarse no sólo la Leyenda Negra, sino los tiempos blancos que ahora abrazamos. Y eso lo han conseguido incluso luchando contra la mejor literatura que se ha escrito nunca; la literatura en español. No importa de qué mares venga.

Saben que provengo de una saga de marinos mercantes que no dejaron un océano sin recorrer; por eso, no extrañará que mi navío de referencia sea la Santísima Trinidad, un navío de línea de cuatro puentes y 140 cañones, el mayor de su época.

Pues, tengo que decirles que no he parado de leer cómo fue su hundimiento después de la batalla de Trafalgar, cómo fue desarbolado, en más de cuarenta libros en varios idiomas, ya sea Galdós, Delitte, Cornwell o Pérez-Reverte, buena literatura sin duda. Pero, por ejemplo, no he visto esa misma buena literatura cuando la Santísima Trinidad y la flota española que lo acompañaba apresó más de cincuenta barcos ingleses y sus cañonazos demolieron la cubierta de más de treinta navíos en la batalla del Cabo de Santa María, nadie hizo nunca tantas presas. ¿Por qué? Y no hablo de libros de estudio, que son infinitos los primeros que tratan de Trafalgar en comparación con los segundos. Hablo de literatura, hablo de arte que es lo que fija la memoria y la posteridad. Un escritor con mayúsculas o un pintor con mayúsculas. ¿Por qué esos escritores no escriben de esas historias y sí lo hacen hasta la saciedad de las derrotas?

También he navegado en el San Ignacio de Loyola, el Glorioso, y me ocurrió lo mismo. Escritores, pintores y escultores que relatan su rendición y apenas se tratan en la literatura esos combates de leyenda donde, antes de esa fecha, mandó al fondo de los océanos a doce navíos británicos. Si sumamos las derrotas y victorias de las armadas españolas e inglesas durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX no se pueden imaginar el abrumador número de victorias navales españolas. Pero, para qué vamos a escribir, que escriban y piensen otros. ¿O a lo mejor hay otros motivos que vienen desde dentro que hace que los escritores españoles de altísimo nivel no acojan estas historias y trabajen en otro sentido? o ¿tal vez la Historia de España también ha ayudado sobre manera a llevar a esos escritores a remar en esa dirección?

Como estoy escribiendo de memoria, es de noche y hace años que no bebo ron pirata, voy ahora a hablar de un escritor, romántico por supuesto, con el que soñé ser: José de Espronceda; libertario, fundador de la sociedad secreta Los Numantinos, admirador de Riego que viendo su ejecución prometió vengarlo, amante de una mujer casada, la bellísima Teresa Mancha, y exiliado en Inglaterra por ese rey felón que fue don Fernando VII. Y en Inglaterra, «el país de la libertad», se da a componer un himno que todos los niños españoles han aprendido desde siempre de memoria: La canción del pirata.

¿Es posible que en España, conociendo su historia de lucha contra los corsarios y la piratería con mucha valentía marinera y siempre venciendo, el poema por excelencia evoque a un pirata como héroe? Nunca un escritor da una puntada sin hilo y Espronceda no iba a ser menos, incluso aunque veinte presas hayamos hecho a despecho del inglés. ¿No sería más coherente con los hechos históricos un poema dedicado a las heroicas gestas contra piratas en Cartagena de Indias, La Coruña, La Habana, Cádiz o Mar del Plata? Entonces, para Espronceda un pirata está bien como héroe español. ¿Nadie entre los escritores de talla conocía por ejemplo a Blas de Lezo? Lo dudo. Pero, ¿quién exilió a Espronceda? ¿Quién dominaba la imprenta?  Sigo leyendo a Espronceda y ojalá escribiéramos así todavía.

Y voy a continuar, pues es de noche y escribo de memoria, con José María Blanco White, a quien estimo tanto como escritor y pensador, y por quien bebí los vientos como hacía Juan Goytisolo. Blanco White nació en Sevilla, descendiente de irlandés y española, cuya familia paterna ya sufrió despojos bajo Cromwell, y su familia materna era hidalga y vivía de una renta. Blanco White, sacerdote, escritor, liberal y, en lo que nos importa, exiliado a Inglaterra en 1810 durante la guerra de la Independencia. En Londres conoce a Lord Holland, político inglés. que le presenta a Thomas Campbell, director de la revista The New Monthly Magazine y para la que Blanco White trabajó bajo el seudónimo de Leocadio Doblado y donde escribía sobre todos los prejuicios británicos acerca de los españoles que en el mejor de los casos eran tildados de fanáticos y atrasados, «lo cual puede que fuera cierto».

Pero, desde luego, no podía quedar ahí la cosa, sino que le dieron los fondos para que fundara un periódico de nombre El Español, me suena mucho ese nombre de periódico, que atacó como nadie a las Cortes de Cádiz de 1812 y dio bien la batalla durante la guerra que libraron los países hispanoamericanos por su independencia, con razón o sin ella. No es causa menor que consiguieran desde Londres que fuera el periódico más leído en América en español. Enviando sus mensajes, claro. Pero, ¿quién exilió a Blanco White? ¿Quién dominaba la imprenta? Sigo leyendo a Blanco White y ojalá escribiéramos así todavía.

Casos como el de José María Blanco White han sido muchos a lo largo de nuestra historia, escritores que con forzados exilios terminan fijando en sus volúmenes nuestro pasado. La lista es difícil de cerrar, pues en los siglos XIX y XX en España no podía pretenderse que los escritores abocaran sus textos a nada diferente a su visión española desde el exilio; aparte, claro está, de ser apoyados con los intereses contrapuestos por las diferentes naciones del norte.

Podría nombrar, aunque es de noche y escribo de memoria, por ejemplo a unos grandes autores a los que admiro mucho y que trabajaron exiliados para la BBC británica, es decir para el gobierno británico. El primero de ellos, Manuel Chaves Nogales que ha terminado fijando la guerra Civil con su conjunto de relatos A sangre y fuego, cuyo prólogo es para enmarcar y, también, Arturo Barea y su Forja de un rebelde, que por esos avatares del destino es una novela que leemos ahora traducida del inglés. O Luis Portillo, que también trabajó para la BBC y que fue quien fijó muchos meses después las palabras de Unamuno en el Paraninfo de Salamanca. Fue él quien relató en The last Unamuno´s speech lo que allí se dijo: «Venceréis, pero no convenceréis». ¿Seguro que fueron esas las palabras exactas? ¿Quién sabe? Los tres terminaron escribiendo relatos sobre la Guerra Civil española en la revista Horizon británica, y son los que ahora leemos. Pero, ¿quién exilió a Chaves Nogales, a Arturo Barea, a Luis Portillo o a Cernuda? ¿Quién dominaba la imprenta? Sigo leyendo a Chaves Nogales, a Arturo Barea o a Luis Portillo y a Cernuda y ojalá escribiéramos así todavía.

Como es de noche y escribo de memoria, puedo permitirme los saltos en el tiempo y en la geografía; por eso, voy a un lugar que históricamente por mil motivos aprecio mucho, el Rif, durante la Guerra de África en aquellos años veinte del pasado siglo. Y me da por pensar que una guerra con tantos hechos y que tantísimo influyó en la política española del siglo XX tenga tan poca presencia en la literatura española.

Son pocos los autores, grandes escritores, que fijan la Guerra del Rif; y ahí aparecen de nuevo Arturo Barea, posteriormente exiliado en Londres, con La Ruta, el segundo volumen de su trilogía La forja de un rebelde y Ramón J. Sender,  posteriormente exiliado en Estados Unidos, con Imán; grandes libros que recomiendo leer; pero, que también se embarcan en una visión que viaja en una única dirección hacia el conocido Desastre, como un «símbolo de todas las miserias que arrastraba el país con una estructura caciquil y una sociedad atrasada». Pero, ¿quién exilió a Ramón J. Sender y a Arturo Barea? ¿Quién dominaba la imprenta? Sigo leyendo a Ramón J. Sender y ojalá escribiéramos así todavía.

 Bien es cierto, que esos libros eran necesarios; pero eso no es óbice para que no surgiera una literatura de esa Guerra, vista no sólo a los ojos del Desastre. Hay muchas causas para ello; pero, para mí, la fundamental era la profunda grieta que había entre los ambientes civiles y militares, entre la sociedad y el Ejército, hecho que venía de las profundas divisiones que arrancan con la Guerra de la Independencia, afrancesados que vivían la cultura y un pueblo analfabeto y de nuevo hastiado; para continuar con las infinitas guerras civiles que asolaron el país durante casi dos siglos y que lo redujeron casi a la nada.

Si viajamos, por ejemplo, a la I Guerra Mundial veremos que todo Oxford, todo Cambridge, todo Harvard, todo Princeton, todos los universitarios de esos países van al combate, y cuando vuelven cuentan sus vivencias con sus aspectos negativos, pero también con muchos positivos que crean una épica de la que todavía estamos bebiendo; aparte de que eran los dueños de las imprentas y del comercio. Sin embargo, en nuestros Guerras del Rif, nuestro Desastre de Annual, todos esos universitarios, toda esa gente de cultura no coge, como Johnny, su fusil y se va al campo de batalla. Hasta allí la cultura, la gran masa culta no pone los pies; y podemos imaginar cómo lo consigue. No se puede esperar entonces una amplia literatura que cree una épica. Sólo se puede esperar que salte a la luz literaria la corrupción generalizada en gobiernos y ejército; y situaciones del combate que sólo llevan al desastre.

Sobre la guerra en África me dio por leer, pues me parece una figura que no debiera ser ligeramente olvidada, a Carmen de Burgos, que firmaba como Colombine.  En la guerra, 1909, puede considerarse una alegoría de todo intento, que se convierte en fallido, de modernizar España, y no pone su foco en los hechos de guerra, sino en los sentimientos y los dolores de esos soldados; en ese espejo en el que se reflejan de las misma manera los pobres campesinos españoles que a la guerra llevan y los igualmente pobres rifeños. Por cierto, la figura del moro en la literatura española anterior al siglo XVI es una figura muy positiva, solía describirse como un hombre sabio, a quien se iba en busca de consejo por su cultura.

La Literatura y la Historia tienen a veces esos poderes semánticos. Y la Historia de España más que ninguna porque aquellos que podían hacerlo nunca se dieron a ello, baste decir que desde el año 1592 que se escribe una Historia General de España no se escribe otra hasta los trabajos de Modesto Lafuente en el siglo XVIII. Demasiado tiempo, cuando se trata de luchar con la imprenta, no importa de dónde soplen los vientos, si a favor o en contra. Cuando se escribe y se consigue que el comercio de la imprenta funcione, se gana. En eso son expertos nuestros vecinos del Norte.

Nadie ignora que el anverso es la historia de la sociedad y el reverso es el arte, que es eterno en el tiempo, porque mientras hay humanidad hay arte. Pero, ¿quién ha movido los hilos del arte o quién los mueve todavía? ¿Quién no cambiaría el mundo que no le gusta?, ¿pero cómo?: «Con Arte, con mucho Arte.»

Precisamente ahora, que es de noche y escribo de memoria, quería comenzar mi Ensayo sobre los escritores de derrotas; esa rara habilidad, que tienen los escritores españoles y que parece que va en su código instintivo. Pero, acabo de recibir una llamada en inglés, (con lo que me gusta enseñar mis dotes lingüísticas anglosajonas, no hay español que no desee eso), y me han explicado de nuevo por dónde se mueve el mercado editorial, de dónde salen los best-sellers, y las consecuencias que puede tener en la edición y en las posibles traducciones de mis novelas esta decisión mía de apartarme de todas esas historias que leí de niño. Aparte de que no me convendría echar al vuelo, así como así, una posible serie de conferencias en universidades de Estados Unidos a lo Óscar Wilde. También he pensado en el exilio, ¡pardiez!

Me han convencido y creo que voy a volver a coger de nuevo mi cómic de 1969, que narra la leyenda de Lawrence de Arabia, porque no sé si se lo he dicho; pero, de niño yo quería ser Lawrence. (Que no se enteren los de la llamada de teléfono en inglés; pero, ahora, quiero ser como el coronel Gabriel Morales, soldado, académico, arabista e historiador). 





sábado, 22 de julio de 2023

SOÑANDO VERSOS EN EL ENCUENTRO POÉTICO CÍRCULO INTERCULTURAL HISPANO ÁRABE EN LA CASA ÁRABE

Las invitaciones tienen alas, siempre que seas capaz de ajustártelas con el corazón. Las invitaciones a soñar versos tienen geografías que cada uno ve de una forma diferente. Las invitaciones a explorar las almas de otros incitan al largo viaje elegiaco. La poesía... Y si te invita Lola Rodríguez del Grupo del Arte TV a un encuentro poético del Círculo Intercultural Hispano Árabe, cuyo presidente es Abdo Tounsi a un recital poético se te llena el alma de versos y a mí de Niger; y no tienes más remedio que acudir corriendo.

Gastando mis horas en Mali en tertulias poéticas por los más dispares lugares de Bamako, algunos poco recomendables, hubo quien me reprochó esa búsqueda. (Menuda nochecita hasta llegar al Azalai, ¿verdad, Ángel? Cuando me dijiste que o nos daban el Pulitzer de fotografía si conseguía hacerme una foto cargando sacos en uno de los camiones que cargaban no sé qué en aquella oscura calle o yo terminaría escribiendo el cuento más bonito del mundo. Ya no queda más opción que lo segundo. Gracias por aguantar a este poeta que se dedicó allí a mil cosas.)

Al final, es fácilmente demostrable que esa poesía fue buena para España y para Mali, que esa poesía como decía Lorca, qué raro que se llame Federico, «esa poesía anda por las calles, se mueve y pasa a nuestro lado. Porque la poesía es el misterio que tienen todas las cosas». Es la pulsión de la vida. Escuchando los latidos de los poetas se escucha el silencio y la voz de los pueblos, pues la voz de los poetas es lo único que permanece. La poesía llena las calles de palabras, llena las universidades y, sobre todo, llena los labios de los pueblos que creen que son canciones tradicionales inventadas por Dios al principio de los tiempos cuando no fue más que la escritura de un poeta. Son los poetas los que escriben la historia y los mitos, que suelen ser eternos.

En la Casa Árabe nos reunimos medio centenar de locos que sueñan versos o simplemente desean escucharlos, sabiendo como decía Federico: «¿Pero, qué voy a decir yo de la poesía? ¿Qué te voy a decir de esas nubes de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la poesía. Eso déjaselo a los críticos y a los profesores. Ni tú, ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la poesía.»

Por eso empecé a tomar notas de los versos que escuchaba en esa velada de tantos poetas que tendían puentes y derribaban muros en esa velada en el Círculo Intercultural Hispano Árabe.

Y de pronto llegó la poesía, incluso un soneto apócrifo, y yo anoté al azar, que el azar hay veces que hace muy bien las cosas, los versos que recordaba al llegar a casa:

Mujer, al fin, decido la contienda
no hagáis más el canelo en el pasillo
y pasad a mi casa que hay merienda...

Los años pasan pero no pesan
y si los sabes disfrutar,
no dejando la vida pasar, 
pasando tú por ella...

Cuando yo te vuelva a ver
tú no me dirás nada
yo sentiré tu fragancia 
en mi memoria guardada...

Toda mujer que con su voz instruye al azahar....
Hay un verbo roto en cada azulejo.

Puentes entre dos ventanas
Me han hecho olvidar las fronteras de mi boca...

Mis pies mojados sueñan alcanzar la tarde...

Desde cada nube diurna, cada nube nocturna...

Y en mi boca hay un ave cuyo canto alude a la caricia necesaria...

Incluso escuchamos un poema en árabe que hablaba de una fecha el 25 de abril, una fecha que fue desgranando el poeta.

Como no podía ser de otra manera, yo volví al monte Keita en Koulikoro, junto a la ribera del río Níger, donde también una tarde de abril soñé poesía y algún que otro endecasílabo:


SENTADO EN LA RIBERA DEL NÍGER

Desde Toledo, al igual que Al-Quti,
buscando el manantial en donde fluye
el agua pura,
he alcanzado el río Níger.

Debes saber que he traído la llave
de la cancela de su casa que huye
con su biblioteca,
a través de las arenas
que se hacen agua en el tiempo ya suave.

Como los anaqueles, quieto el río,
se detiene a vernos beber,
y me siento en un árbol derribado
para traer, de nuevo, el alfabeto
que vivió en esta geografía
en un lejano tiempo ya acabado.

Casi nunca la espera es esperanza,
aunque a veces yerra.
Nos sostiene el alma de los ríos,
no es verdad que nos sostenga la tierra.

Desde el monte Keita abro los versos
de Es-Saheli, el manuscrito de Kati
número ciento cuarenta y cinco
escondido
en los anaqueles de Tombuctú.

Y entiendo que no es suficiente ser:
«que no basta una persona alada en ambos costados,
ni poseer una lengua dotada de toda la agudeza de la palabra,
para no tener un corazón agobiado
por el cansancio y víctima de la separación».

Y debes saber que es el mismo sol,
el mismo amanecer y el mismo cielo,
con sus planetas errantes lo que veo.

Y también veo reflejados en las aguas del Níger
a Witiza y a Alí ben Ziyad y a Es-Saheli,
y sus mezquitas de los sueños.
Y, por desgracia, veo también la guerra.

Algún día llevaré mi mensaje,
escrito a orillas del Níger,
allá donde quieran oírlo.

Norberto Ruiz Lima
Koulikoro, Mali, abril de 2023.


Notas:
1.- El jurista Alí ben Ziyad al-Quti, descendiente del rey godo Witiza, tras los sucesos de los fuegos de la Magdalena donde han ardido más de mil casas, recoge apresuradamente su biblioteca de unos cuatrocientos volúmenes y, desde Toledo, emprende un largo camino que lo llevará por todo el norte de África y Oriente Medio hasta la localidad de Gumbu en la curva del río Níger. Esa biblioteca, que terminará en Tombuctú, con el tiempo se convertirá en la mayor biblioteca andalusí conocida.

2.- Abu Haq Es-Saheli es el mayor poeta de Al-Ándalus y desde Granada hizo un larguísimo viaje hasta la corte del emperador Kanku Moussa, en la curva del río Niger, considerado como el hombre más rico de su tiempo. Es-Saheli no tiene precio como poeta, pero a la vez es el padre del arte sudanés, pues el emperador le encomendó la construcción de la gran mezquita de Djingareyber en Tombuctú. Autores como Gaudí o Barceló han sido muy influenciados por su arte.