domingo, 22 de septiembre de 2019

CON MARCO POLO, BUSCANDO EL MILLÓN DE MARAVILLAS


A Constantinopla he viajado muchas veces con las historias de Steersman, pues era lugar común de atraque del Gothia antes de abocar el canal de Suez rumbo a la tierra de las especias.

A Constantinopla he viajado camino de Adana, ciudad al sur de Turquía y tierra de frontera con una Irak en llamas.

Pero a Constantinopla yo hubiera querido ir con Nicolás y Mateo de Pol que la tuvieron como su hogar, pues decidieron,  como buenos mercaderes venecianos, ampliar sus relaciones comerciales más allá de la tierra de los cruzados, hasta el mismo confín oriental de Asia.

Ese era mi viaje, el viaje de los caravaneros para buscar el hilo de la seda durante tres años, y atravesar andando o a caballo toda la ruta que Marco Polo holló con su pie veneciano. Pero yo hijo de la modernidad encontré la ruta de la seda embarcando en un avión de AirFrance en Amsterdam rumbo a Pekín y Chengdu  buscando el hilo rojo que me prometieron los dioses cuando era un joven incrédulo ante esas historias mágicas.

Con Marco Polo y su caravana de mercaderes, yo hubiera llegado a conocer a la reina Bolgana, mujer de Argón, rey de Levante, quien tras su muerte puso en su testamento que ninguna dama pudiera ser de Argón ni sentarse en el trono, que no fuera de su linaje. Con Marco Polo, enviado por el gran Khan, hubiera conocido a la joven Cogacín, la mujer más agraciada y bella del mundo y del linaje de la reina Bolgana. 

Con Marco Polo, en verdad, hubiera puesto mis pies en mi querida y destrozada tierra de Armenia, que había dos Armenias, la Menor y la Mayor, bella y rica donde se encuentra el arca de Noé en una alta montaña que se llama Ararat. Y sabría que en Georgia hay un rey que se llama David Melie también sometido al tártaro. Y conocería el reino de Mosul y a los Kurdos que habitan en sus montañas. Y habría visto con mis propios ojos que las mejores palmeras del mundo se crían de Basora. Y habría aprendido que Tanvis es una gran ciudad en una provincia llamada Irac y su población es una mezcla de mil razas; hay armenios, nestorianos, jacobitas, georgios y persas, y hombres que adoran a Mahoma que llaman taorizines.

Con Marco Polo habría visto con mis propios ojos cómo los tártaros destruyeron y diezmaron la noble e inmensa Persia, y sabría que en Persia se halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes Magos; un Rey Mago era de Sava, otro era de Ava y el tercero de Cashan.

Y con Marco Polo visitaría la provincia de Tonocain, lugar donde se celebró el encuentro entre Alejandro Magno y el rey Darío. Y conocería de primera mano al viejo de la montaña que prepara a sus asesinos haciéndoles creer que su fortaleza es el paraíso, a base de drogarlos con hachís, conviertiéndolos en hachisínos.

Y viajaría con Marco Polo a la ciudad de Balc, donde Alejandro tomó por esposa a la hija de Darío; y la montaña de sal y el país Dogana. Y atravesaría Cachemira en la provincia de Kesimur donde todavía vivían idólatras y se entregaban a todo especie de encantamientos; y desde este país podría llegar al mar de Indias, hasta llegar donde nace el sol al palacio del gran Khan para servirle hasta la muerte; porque sé, Marco Polo me lo ha contado, que cuando un Khan muere es sepultado en la montaña Altai; y cuando el cuerpo del gran Khan es llevado a la montaña, todos los hombres que encuentra el cortejo fúnebre son pasados por las armas y atravesados por una espada por los que conducen el cadáver, que les dicen: "Id a servir a vuestro señor al otro mundo".

Yo me quedaría allí para siempre sirviendo en la muerte al Khan, y él volvería en barco a Génova, donde sería encarcelado, ¡qué tendrán las cárceles para las grandes obras!, en el año 1298 para escribir el Libro de Viajes, el Libro de la División del Mundo, el Libro de las Maravillas o El Millón que cualquiera de ellos puede ser su título, y leyéndolo sabríamos que nunca es tan hermoso el sol como el día en que uno se pone en camino.







sábado, 21 de septiembre de 2019

TE ESCOGIÓ UN POEMA DE CERNUDA, STEERSMAN



Uno no escoge los poemas que llevará siempre con él. Ni escoge los amores que le atacan como rayos. Ni escoge padre y madre. Creemos que elegimos nuestra vida, pero no es así.

Estaba junto a él, serían las 5 de la tarde del 11 de septiembre. Decidí escuchar un podcast del programa Versos Encendidos de mi poeta de referencia Luis Cernuda. Ese podcast dura 29 minutos y 14 segundos. Llevaba 22 minutos y 42 segundos escuchando los versos de Cernuda cuando sucedió todo, el corazón se le paró, y ese poema me eligió para siempre:

"Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo 
como una nube en la luz; 
si como muros que se derrumban, 
para saludar la verdad erguida en medio, 
pudiera derrumbar su cuerpo, 
dejando sólo la verdad de su amor, 
la verdad de sí mismo, 
que no se llama gloria, fortuna o ambición, 
sino amor o deseo, 
yo sería aquel que imaginaba; 
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos 
proclama ante los hombres la verdad ignorada, 
la verdad de su amor verdadero. 

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien 
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; 
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina 
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, 
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta 
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta, 
la única libertad por que muero. 

Tú justificas mi existencia: 
si no te conozco, no he vivido; 
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido."


Ese poema me eligió para siempre. Y Steersman, Norberto Ruiz Rodríguez, no sabía entonces que un poema de Cernuda se oía en aquella habitación blanca. Eran un poco más de las cinco de la tarde, pero igualmente tardará mucho tiempo en nacer si es que nace...


viernes, 13 de septiembre de 2019

STEERSMAN, MI PADRE, NORBERTO RUIZ RODRÍGUEZ



Ayer, por el hospital, se pasó el descanso eterno a recogerlo.

Mi padre me dijo: "Escucha cómo suena a crujir de aparejos porque la tormenta tensa los paños que jalan de los mástiles". Rápidamente recordé: ese es el sonido del Cielo. Me lo enseñó él, Steersman, Norberto Ruiz Rodríguez,  mi padre.

Por eso, ahora, tengo que lanzar los cabos a las estachas de la memoria, y evocar tu vida.

Qué  no daríamos en casa por volver a oírte hablar de aquel Atleti en el que jugaste con quince años cuando te quiso fichar el Sevilla.

Qué no daríamos en casa por volver a oírte hablar de tus años de estudio en la Escuela de Naútica de San Telmo.

Qué  no daríamos por escuchar de tu boca esa historia de tu Servicio Militar como piloto en el minador Marte cuando le cambiaste el puesto al piloto titular con el deseo de viajar por Europa para terminar haciendo un desembarco en la guerra de Ifni.

Qué no daríamos por oír de tu boca otra vez la llegada a Haifa durante la guerra israelí de los seis días en un petrolero, donde empezaron a llamarte Steersman.

Qué no daríamos por atravesar contigo en aquel mercante sueco el canal de Suez en llamas rumbo al mar de China para sufrir un abordaje pirata en las costas de Camboya o atracar en Hanoi con material para el gobierno vietnamita...

Después de navegar por mil mares, volviste con nosotros a tierra; y aquí te esperaba la Caja de Ahorros de Jerez y el colegio El Picacho del Instituto Social de la Marina.

Y para que no te faltara de nada, tu sucursal bancaria sufrió un atraco. Y con una pistola en la sien te negaste a darle a los atracadores la llave de la caja fuerte , aunque la tenías en el bolsillo.

Qué no daríamos Charo, Lola, Tai, Estefa y yo por tu alegría, por volver a pasear los seis por La Calzada cuando nuestras manos no conseguían abarcar más que uno de tus dedos, y por todos los buenos momentos que vivimos juntos.

Dese luego, "si la muerte vino a buscar una verdad entre tus manos", no las encontró vacías, sino completamente llenas de vida.

Gracias, mi capitán, por tanta vida. Charo, Lola, Estefa, Tai y todos los que te conocíamos te damos las gracias por tanta, tanta, tanta vida.





















domingo, 28 de julio de 2019

¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS?, LA DISTOPÍA DE PHILIP K. DIRK QUE QUISE ESCRIBIR PARA RUTGER HAUER



— Aparta tu grosera mano de policía.
— No soy un policía.
— Eres peor. Eres un asesino contratado por la policía.
— En la vida he matado a un ser humano. 
— Sólo a esos pobres androides.

Leyendo esa inicial conversación de Rick Deckar con su deprimida mujer, Irán, descubrí que yo, en esa novela, terminaría enamorado de una androide capaz de dar la señal sin "ausencia de respuesta afectiva adecuada". ¿Qué es un simple test de empatía de Voigt-Kampff para dibujar la leve línea que separa un ser humano de lo que no lo es? ¿Y quién dice qué es un ser humano y qué no lo es?

— Ha quedado usted embarazada de un hombre que le ha prometido casamiento —dijo Rick —. Pero él se marcha con su mejor amiga. Usted aborta y...
— Jamás lo haría,—respondió Rachael.
Las dos agujas del medidor se dispararon con violencia.

Yo no sé si Rachael Rosen es una androide o un ser humano, pues ha demostrado que puede engañar el test de Voigt-Kampff con facilidad; pero para mí fue la más humana de todos aquellos seres que habitaban la Tierra después de la Guerra Mundial Terminal.

¿Qué es un ser humano y qué no lo es? A lo largo de la historia no todos los homínidos, incluyendo aquellos que tenían el don del habla y la escritura, fueron considerados humanos por la Ley. Incluso sabiendo que tenían sensibilidad y sentimientos, y que hubieran superado sin duda el test de Voigt-Kampff.

— ¿Cuáles son sus instrucciones en el caso de que un test clasifique como androide a un ser humano?
— Eso es asunto oficial —Rick empezó a guardar su equipo en la cartera, mientras ambos Rosen lo miraban en silencio —Pero naturalmente debo cancelar toda prueba subsiguiente. Si hay un fracaso de nada sirve continuar.

Rachael no sabe todavía que es un androide, no sabe que no tiene consideración humana. Gente que ahora mismo atraviesa un desierto para tropezar con un muro, tampoco lo sabe; ni unos jóvenes que están embarcando en una vieja y carcomida lancha negrera para atravesar un peligroso mar. Deckar puede matarlos sin que le remuerda la conciencia, porque cumple con la Ley. Él nunca ha matado a un ser humano. Solamente a esos pobres androides que no tienen la consideración de humano.

¿Qué es un ser humano y qué no lo es? Yo, que he visto cosas que vosotros no creeríais, pienso que sólo el dolor humaniza cuanto toca, y que el poder y el placer deshumaniza a cuanto tantea; ya sea animal o vegetal.

Por eso, para poder sobrellevar nuestra iniquidad, a veces, debamos atenuar nuestra mala conciencia mediante los impulsos del inhibidor talámico que se conecta al órgano de ánimos; y en todo caso siempre podemos conectarlo al estado C para apagar nuestra conciencia y dormir sin complejos ni prejuicios, como hace Irán que apenas se levanta de la cama.

Rachael era más humana que todos los que fueron paridos de una madre; y Roy Batty, se hizo humano, lleno de perdón y misericordia, en una escena memorable, poco antes de que le llegara el tiempo de morir, porque él, como yo: "Ha visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. Ha visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Tannhäuser. Y todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia".

Ahora mismo estoy pasando el test de Voigt-Kampff, igual yo tampoco soy humano, como esos desesperados que están en estos momentos atravesando un desierto para encontrarse con un muro  o están embarcando en una vieja y carcomida lancha negrera  para atravesar un peligroso mar.

— Se encuentra usted un libro de versos, medio quemado dentro de una casa abandonada y llena de mugre y enseres rotos y desparramados por el suelo. ¿Qué haría? ¿Lo dejaría en en el suelo junto con toda la basura?
— No. Lo recogería y lo abriría por la primera página y me sentaría en el suelo y, ayudado por un pequeño haz de luz azul que entra por la ventana, leería los primeros versos: "Y aún sueño que pisa la hierba caminando espectral entre el rocío atravesado por mi canto alegre".

Cuando he contestado eso, Rick Deckard se ha echado mano a su pistola láser. Eso solamente puede contestarlo un androide, me espeta con gesto serio.



domingo, 7 de julio de 2019

AQUÍ HAY MUCHA PUTA Y MUCHO HIJO DE PUTA


Y Miguel cogió una tiza y escribió, sobre la pizarra del iluminado salón del Palacio de los marqueses de Heredia Spínola, una frase que definía, con trazo exacto, todas las retaguardias guerreras que alejadas del frente, de la lucha y de la sangre valiente van vestidas con brillantes uniformes o monos bien planchados y llevan al cinto relucientes y bruñidas pistolas que desconocen la existencia del calor, del polvo, de la arena, de la trinchera y del miedo que no sea ajeno.

Una retaguardia, que llena de fiestas y sensible a los buenos almohadones y que cuando oían que se acercaba el enemigo siempre tenía en su mano la lista de asientos en un avión o en un coche para alejarla del frente, ponía enfermo a Miguel: "Aquí lo que hay es mucha puta y mucho hijo de puta", volvió a escribir. Neruda, desplegó toda su cobardía en la guerra con fama de luchador; León Felipe no se quitaba, ni para dormir, el abrigo de pieles del Duque de T´Seclai, a quien previamente habían fusilado, ese León Felipe tan alejado de las trincheras y al que sólo se le veía en los observatorios rodeado de generales, pero dibujando ya su fama de poeta del exilio; Alberti, un soldado de salón, mal pintado en su Arboleda Perdida; o ese Malraux tan acostumbrado al posado fotográfico; o Bergamín con un comportamiento, "a paseo", no todo lo éticamente deseable. María Teresa León, sintiéndose señalada por las palabras a tiza del salón, dicen que abofeteó a Miguel. En esa retaguardia de fiestas también estaban todos los poetas menores, y cobardes mayores, disfrutando de la guerra; "Pues nunca vivimos mejor, ni fuimos más felices que contra Franco".

A Neruda lo leí del derecho y del revés; y, con quince años, dos veces, su Confieso que he vivido, quería ser como él. A León Felipe en Zaragoza, lo perseguí como poeta del exilio y me compré dos Antologías y Los Versos del Merólico, no sin antes poner el librero cara de asombro a causa de que un tipo con uniforme y gorra de plato pidiera en esos años a León Felipe. "No es para mí, es un encargo"; lo tranquilicé. Las fotografías de Alberti, la comunicación poética hecha guerra e imagen, me pareció en un tiempo sublime. Desde que leí su Arboleda Perdida, siempre soñé los libros de memorias como el suyo. Pero entonces llegó Miguel y en una pizarra escribió: "Aquí lo que hay es mucha puta y mucho hijo de puta".

Miguel venía de las trincheras, venía de sentir cómo los soldados pasaban hambre y miedo, de sentir el frío; mientras allí se abrigaban y comían en una celebración digna de los palacios zaristas con cojines de terciopelo y abrigos de visón. "Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta".

Desde ese día, hace 25 años que me crucé con Las Armas y Las Letras de Trapiello, cuentan que Miguel ya no tuvo un asiento en las listas de aviones y coches preparados por los valientes soldados de la retaguardia, con pistolas siempre limpias al cinto, sus uniformes planchados y con los abrigos de los marqueses de Spínola y el Duque de T´Seclai. Desde ese día, Miguel estaba condenado. Con ellos no saldría Miguel de España, que no apartó de sí ese amargo cáliz. A Miguel, como a todos los demás los dejaron atrás, solos y perdidos, con un carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida que sostenía un vuelo y un brillo alrededor de sus vidas.

Pero lo que nadie olvida es de que hubo un lugar en la retaguardia de una guerra donde había muchas putas y mucho hijo de puta. Desde entonces los libros de memorias desde La Guerra de las Galias hasta La Arboleda Perdida me han parecido bastante menos reales que las aventuras de Ulises en La Odisea, con sus sirenas, sus Polifemos, su Circe o el país de los Lestrigones. 

Unos días más tarde vi salir del decomisado Palacio de los marqueses de Heredia Spínola al periodista comunista cubano Pablo de la Torriente mientras gritaba: ¡Qué vergüenza, yo me vuelvo para el frente! A los dos días lo mataron. Ya nadie se acuerda de él, ni de mí.



domingo, 16 de junio de 2019

MOBY DICK, EL LARGO LIBRO DE LAS DIGRESIONES O LA LOCURA DE MELVILLE

¡Este es el Pequod, que va a dar la vuelta al mundo! Digan que en adelante, nos dirijan las correspondencias al Océano Pacífico y, de hoy en tres años, si no estoy de vuelta que la dirijan a...

Mi padre era marino mercante como Conrad y Twain, y todas las cartas que recibíamos en casa eran telegramas azules: "Feliz cumpleaños. Besos. ¿Ya anda Lola?. Estambul". "Llego a puerto Algeciras próximo 6 junio. Besos. El Cairo". Algunos todavía están guardados en los viejos álbumes de amarillas fotografías. Pero lo que yo de verdad quería era mandarle una larga carta con el primer carguero que desembocara la barra, simplemente diciéndole al marinero que estaba de guardia en la escala: "Esta larga carta va dirigida al tercer oficial del Gothia, los próximos seis meses estará por el Mar de China, si son más de seis meses rolará por el Índico". Y con seguridad, de barco en barco, de ola en ola, esa carta, sobrada de letras, no como esos tacaños telegramas azules, llegaría hasta el Gothia que en ese momento andaría fondeado cerca de la Bahía de Hangzhou.

No por otro motivo embarqué en el Pequod, de manos de S.M., año 1986. Yo creí, equivocadamente,  que esa era la novela original escrita por Melville, mientras laboreaba cabos por las roldanas de los motones; pero esa no era más que una edición juvenil ilustrada con solo 263 páginas, amena y de fácil lectura. Nada que ver con ese cachalote blanco lleno de percebes en su lomo que rebufa espuma en el horizonte, refrescando el viento y moviendo a su antojo el reloj de bitácora de la nave, totalmente desnortado por la fuerza magnética de esa moneda clavada al mástil. Lo que los arponeros no saben, Queequeg tampoco, es que quien clave el último arpón se irá al fondo con la ballena.

De mi error me sacó el gran José María Valverde, cuya Historia de la Literatura robé de las estanterías de casa de mis padres y viaja conmigo desde que salí de allí con una maleta atada con correas de cuero y sumamente incómoda para el transporte. De pronto me tropecé con la edición inabarcable de Valverde casi 900 páginas llenas de citas que abruman; regresiones, que hacen perder la línea temporal y digresiones que desvarían el espacio y la mar. Aprendí a nombrar a la ballena en diez idiomas diferentes, a identificar todos los libros en los que por acción, por error o por omisión aparecía la palabra ballena; y a darme cuenta de que si Dios creó a la ballena para que se comiera a Jonás, Melville escribió Moby Dick para que yo me perdiera en ella soportando cabezadas, balances y golpes de mar para acabar engullido en el fondo marino de la gran literatura.


Escuché en las islas Henderson la historia del Essex y su capitán George Pollard y, en la isla Mocha, la historia chilena de un cachalote que había hundido varios barcos y también se le hizo responsable del hundimiento del Essex. Tardaron mucho en darle caza y hundió al menos seis balleneros. Para mí un héroe. ¡Botad los botes! ¡Botad los barcos! ¿Me habéis oído?

Yo, si había que bajar en bote a luchar contra los cachalotes de sangre inmortal, prefería viajar en el equipo de Starbuck. El primer oficial del Pequod se llamaba Starbuck y era la persona de más sentido común y más razonable de todo el océano, con él a cualquier lado; con Ajab, solo al infierno. "Señor Starbuck, vaya a convocar la tripulación de los botes". "Permítame que le ayude hasta la amurada primero, capitán -dijo Starbuck". "¡Oh! ¡Cómo me molesta esta astilla ahora! ¡Maldita suerte! ¡Que el capitán de alma invencible tenga tan cobarde compañero...!" "¿Cómo?" "Hablo de mi cuerpo, no de usted -dijo Ajab- Deme algo que me sirva de bastón. Esa lanza me servirá."  

Señor Starbuck, es por ese motivo que decidí llevar siempre conmigo en la mochila el enorme volumen, traducido por José María Valverde a esas cafeterías del señor Starbuck. A uno, que vive de señales, signos e indicios, le pareció bien viajar en el Pequod junto al primer oficial Starbuck. Oliendo aromático café. Eché de menos que en la taza apareciera la figura del mascarón de proa del Pequod, que es la cabeza y los hombros de indio nativo norteamericano que para eso, siempre atraca de vuelta en Nantucket; y no esa especie de sirena coronada que al señor Starbuck nada le dice.

Luego, todo se hundió, y el enorme sudario del mar siguió fluyendo como había fluido cinco mil años. Y eso ocurrirá hasta que yo vuelva a llevar siempre conmigo en la mochila el enorme volumen de Moby Dick a esas cafeterías del señor Starbuck.


domingo, 9 de junio de 2019

LOS VIAJES DE GULLIVER, CON JONATHAN SWIFT JUSTO ANTES DE EMBARCAR


Nadie, que me conozca, ignora que no hay tiempo de elecciones que no me decida a embarcar en el Adventure, para volver a refutar ese antiguo adagio de que no existe nada hoy tan extravagante e irracional que no se encuentren gentes dispuestas a defenderlo. Es una vieja recomendación que me hizo una vez un hombre que mandó al infierno los tiempos que le tocaron vivir y decidió dedicarse a cuidar un jardín como soñó Voltaire.

Para ir al grano, en tiempos de elecciones, pongo siempre la proa del Adventure rumbo a Laputa (que hay nombres en una lengua que son disonantes palabras en otras), a Balnibarbi, a Glubbdubdrib, Luggnagg; y, pasando por el Japón, al país de los Houyhnhnms. Pues, desde no hace mucho, suelo dejar atrás la tentación de la caída a babor y evito atracar en el país de la gente diminuta que siempre anda en continuas guerras por banales asuntos, como la manera de romper un huevo. Los conservadores que no les gustan grandes mudanzas y mantienen firmes las tradiciones lo siguen rompiendo como viene sucediendo desde siempre por la parte ancha; y los progresistas que aspiran a revoluciones y veloces cambios quieren imponer que los huevos se rompan por la parte más pequeña.

Fácil solución encontraron para este problema los grandes académicos de Lagado en la isla de Balnibarbi, que aconsejan que si los partidos estatales se tornaran violentos he aquí la solución de la Academia como método maravilloso de reconciliación. Se toman cien cabecillas de cada partido. Se les empareja a los adversarios por el parecido tamaño de su cabeza, a continuación dos expertos cirujanos efectúan una bisección simultánea de cada occipucio en cuestión, de modo que el cerebro quede igualmente dividido en dos. Se intercambian ambas mitades fijándolas en la cabeza del adversario político. Ciertamente esta operación requiere mucha precisión; pero el profesor nos aseguró que el remedio era infalible si se ejecutaba con habilidad, argumentando que todos los medios cerebros discutirían el asunto entre sí dentro de un mismo cráneo, lo que produciría rápidamente una mutua comprensión y la consiguiente moderación, a la vez que regularidad de pensamiento, como es de desear en la cabeza de aquellos que se creen nacidos para vigilar y regir los movimientos del mundo.

No pienso saltarme tampoco la isla llena de magos de Glubbdrubid donde se puede hablar con cualquier personaje histórico sin que pueda mentir. Yo seguro que acogería a todos los perdedores, pues soy irremediablemente de Bruto, asesino de César, el hombre que acabó con la República y puso los cimientos del imperio; y soy irremediablemente de Humbaba el gigante que cuidaba del bosque de los cedros y fue asesinado por Gilgamesh y Enkidu que buscaban con ansia algo tan fútil como la inmortalidad. Y soy de Hermenegildo y del obispo Prisciliano, y de José Blanco White, y de Prim y de..., con todos hablé y a todos pregunté. Aunque si Gilgamesh quería saber lo que es la inmortalidad no tenía más que embarcar conmigo en el Adventure a la tierra donde viven los Stulbrughs, los inmortales, que envidian a los jóvenes por su cuerpo y envidian a los que mueren porque por fin pueden descansar sus almas.

Y así continúo mi viaje hasta el mismo día de la votación, cuando paso unas horas en la tierra de los Houyhnhnms, un lugar donde términos como poder, gobierno, ley, castigo y muchos otros otros no tienen equivalente en su idioma y es verdaderamente difícil explicar su significado a los seres más racionales que yo he conocido y que tienen la bella forma de un caballo. Ellos no entendían que "en mi tierra, las diferencias de opinión han costado millones de vidas, y siguen costándolas: cuando se disputó si la carne era pan o el pan carne; si era sangre o vino, si debe besarse un madero o arrojarlo al fuego; a veces se declara una guerra porque el enemigo es excesivamente débil o excesivamente poderoso; o cuando una ciudad ocupa una posición estratégica para nuestros intereses".

Al final, siempre ocurre una tormenta que me trae de vuelta a Occidente, y siempre alguien termina riéndose de mí y de los académicos de Lagado, en la isla de Balnibarbi, porque con mi voto creo, con ingenuidad, que se escogerán a los favoritos y a los ministros por su prudencia, capacidad y virtud para que se preocupen sólo por el bien común.


lunes, 3 de junio de 2019

HENNING MANKELL, CÓMO EMPEZÓ, CÓMO ACABO Y LO QUE OCURRIÓ ENTRETANTO

Una vez, cuando creí firmemente que podía tener un destino literario, después de haber rodado por esos caminos que cruzan las vidas que pueden contarse de mil y una maneras, de haber atracado en puertos extraños donde marinos mercantes te hablaban de prodigios en cualquier lengua; y después de haber rezado en más de cuatro religiones distintas, todas verdaderas; comencé a comprar en las librerías que me pillaban a mano, o por encargo a viejos libreros, todos los ensayos literarios que pudieran pulir mi experiencia vivida.

Comencé con los ensayos literarios de Stevenson porque en su primera página aparecía su Carta a un Joven que se Propone Abrazar la Carrera del Arte, cuya dureza hacia los sueños no deja lugar a dudas, porque tres o cuatro éxitos mediocres basta para falsificar un talento; luego me arranqué por Saúl Yurkievich y Del Arte Verbal; y Harold Bloom y La Construcción de lo Humano; para continuar con Nabokov y su Curso de Literatura Europea; y no dudé en andar con Cuadrivio y Por las Sendas de la Memoria de Octavio Paz; para atravesar luego La Experiencia Abisal de José Ángel Valente o todos los ensayos que tuvieran que ver con Jorge Luis Borges o la Literatura Hispanoamericana.

Ese es el motivo por el que llegué a Henning Mankell. Ante mis primeras dudas, porque esas series negras tan vendidas, nunca han estado a la altura del primero de ellos, que es Poe, y ante el que tienen una deuda impagable todos los grandes, empezando por Conan Doyle, de quien lo leí casi todo y a quien no le perdonaré que terminara matando a Sherlock Holmes, y continuando por Chesterton y todos los demás: "Si lees Huesos en el Jardín de Mankell hay un posfacio donde cuenta cómo empezó su forma de hacer novelas, cómo acabó y lo que ocurrió entretanto". ¡Ay, esas recomendaciones que uno se encuentra tras la primera copa en un café de desalentados artistas!

La novela, que pensé que era su última novela de la serie Wallander y de su vida, pues sin otro motivo no hubiera escrito un posfacio así, estaba seguro de que no tendría la fuerza de las primeras, pero siempre se me ha hecho inevitable la lectura de los testamentos literarios y este no iba a ser menos.

"En una caja, en un rincón del sótano de mi casa, hay un montón de diarios polvorientos. Se remontan a mucho tiempo atrás. Empecé a llevar un diario en 1965, aproximadamente. Hasta que llegó la primavera de 1990. Había pasado una larga estancia en África. Cuando volví a Suecia no tardé en descubrir que, durante mi ausencia, las tendencias racistas se habían extendido por todo el país. Unos meses después decidí escribir sobre el racismo. En realidad tenía otros planes literarios, pero...", esa era la llama que lo estaba esperando y que Mankell recogió; y para que pudiera seguir brillando eligió la intriga policíaca como relato; pues si alguien tiene que saber lo que ocurre en la sociedad de la que forma parte, esa persona debe de ser policía.

Claro que el género y sus protagonistas no abandonan los clichés que se encuentran en casi todas las novelas; un detective con una vida personal hecha añicos donde la bebida no suele andar lejos, un horario desaforado, sobrados de tranquilidad y paciencia, sabiendo que Dios creó a las ballenas para que se comieran al santo Job, y dando toda la importancia que merece al lugar y al momento en que se cruzan el policía y el asesino. 

No olvido al inspector Maigret, de Simenon; a Patricia Highsmith y Ese Dulce Mal; al comisario Montalbano, de Camilleri; al detective Bernie Gunther, de Philip Kerr; ni Ágatha Christie; ni Hammet; ni  a Chandler, ni ...

Pero si tengo que elegir un relato negro distinto de Poe, sería La Muerte y la Brújula de Jorge Luis Borges; que, para que no haya dudas incluso lo menciona en el mismo cuento. Es tan difícil escribir buena novela negra. A ver quién iguala a August Dupin y a Treviranus y Erik Lönnrot. Yo busqué un médico, un liberal irredento, descendiente de uno de los doctores que llegaron de Francia acompañando al Ejército francés, el doctor Vausell, en La Fuente Muda. Maldito Poe, que lo llena todo. 






sábado, 4 de mayo de 2019

VENEZUELA ENTRE DOÑA BÁRBARA Y YO, CON RÓMULO GALLEGOS



Me enamoré de Doña Bárbara desde que subí a aquel bongo que remontaba el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha. Dos bogas lo hacían avanzar mediante una lenta maniobra de galeotes. Imáginate que llegas a Venezuela y te dicen que allá en las riberas del Río Negro sigue viviendo la devoradora de hombres, la trágica guaricha, fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india, y cuyo origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes.

¿Qué tendrá Venezuela?, me pregunté, cuando las siniestras intenciones del taita vuelven cada cierto tiempo. Ella sólo recordaba que había caído de bruces, derribada por una conmoción subitánea y lanzando un grito que le desgarró la garganta. Y luego el festín de su doncellez: Ahora podemos vendérsela al turco, aunque sea por las veinte onzas que ofreció enantes. Veinte onzas, ¿serán menos que treinta monedas?

Si su belleza había perturbado la paz de la comunidad, ahora perturbaría toda la llanura, que sería para ella, incluyéndome a mí. Su primera víctima fue Lorenzo Barquero, yo he sido la última, hasta ahora. El Orinoco es un río de ondas leonadas; el Guainta las arrastra negras. En el corazón de la selva, aguas de aquél se reúnen con las de éste; más por largo trecho corren sin mezclarse, conservando cada cual su peculiar coloración. Ese era el límite de civilización y barbarie, donde viví con ella. Yo adoro los ríos y sus desembocaduras y los cotos y las marismas y las junglas; nací en ellos. Cómo no iba a caer a los pies de Bárbara. Con su belleza, la barbarie iba a dominar a la civilización como ha hecho siempre, porque no es bueno dejar el futuro sólo en manos de hombres cultos y civilizados, ¿dónde nos han llevado estos? Pues a El Miedo. Pero lo que ellos no se dieron cuenta es que El Miedo ahora es de doña Bárbara.

Y doña Bárbara no quiere hombres, salvo para su provecho y ambición, ya fue violada, maltratada, y disfrutaron de su belleza sin que ella lo autorizara, por veinte onzas. Ahora esa belleza domina todo el cuadro del Arauca: Hombres ha habido y no principios, desde el alba de la República hasta nuestros brumosos tiempos: he aquí la causa de nuestros males. a cada esperanza ha sucedido un fracaso y un caudillo más en cada fracaso y un principio menos en la conciencia social.

Todavía recuerdo la cena con aquel señor venezolano, a la que me invitó su hija para que lo conociera: "Te va a gustar, mi padre es profesor de literatura en Barquisimeto". Hablamos de literatura, sobre todo de Góngora; aunque yo sólo quería hablar de Rómulo Gallegos y doña Bárbara: - Santos Luzardo, que significa el progreso, la ley, la civilización, quiere vender toda la tierra y huir a Europa, ya no puede más; porque la barbarie se instaló como siempre en Venezuela, una barbarie que controla las llanuras, que ejerce el mal y agota toda riqueza; aquí, en Venezuela, por mucho que Rómulo Gallegos se empeñara en su novela, no va a haber final feliz. Va a ser muy difícil que desaparezca la cacica del Arauca.

Bueno, Norberto, dijo rápido, volvamos a las Soledades de Góngora y al culteranismo, y se puso a declamar: Era del año la estación florida en que el mentido robador de Europa (media luna las armas de su frente, y el Sol todos los rayos de su pelo), luciente honor del cielo, en campos de zafiro pace estrellas.

Aquel día de hace muchos años no entendí a aquel señor de Barquisimeto mientras comíamos arepas hasta reventar. Ahora lo entiendo un poco más: Va a ser muy difícil que desaparezca la cacica del Arauca.

Despierta Venezuela, sé libre. Haz que desaparezcan todas las cacicas y caciques desde el Arauca al Orinoco.